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🌻Venus, una talentosa bailarina exótica, ha perfeccionado el arte de ocultar su vida nocturna tras una fachada de normalidad. Durante más de dos años, ha dominado el equilibrio entre sus estudios universitarios y su trabajo, generando ingresos...
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Cruzo las puertas de Impura otra vez y me cruzo con Enoc en la pequeña recepción; sus ojos se le iluminan al verme.
—Venus, sí, al fin —toma mis manos con desesperación y respira un poco agitado—, tengo un gran problema.
—¿Qué? No me digas que me salí de la cena con mi padre sin razón —cierro los ojos con fuerza, esperando que no sea eso.
—No, no... pero Gustavo está molesto —frunzo mi ceño—. Escarlata no me permite reservarte... —sube su mano para morderse las uñas.
—Pero yo no decidí nada aún.
—Me ha pedido que te apure con la decisión, la tengo en llamada y quiero que decidas; no puedo no darle una respuesta.
¿Quién es Escarlata? Probablemente tenga una influencia bastante alta aquí; por lo desesperado que se ve Enoc, puedo deducir que es una cliente muy frecuente. Antes de mí debe haber habido otras. Observo a Gustavo aparecer por la puerta del bar y, en cuanto me ve, sonríe; se acerca sin dudar.
—Venus, amor mío —su acento italiano me pone los pelos de punta y me esfuerzo en darle una sonrisa real.
—Gustavo —nombro y siento cómo sus brazos se aferran a mi cintura para acercarme y besar mi mejilla. Enoc está expectante ante la situación—. Enoc, iré con Gustavo, luego hablamos sobre eso y...
—Venus, ella también pagó.
—¡Que la Donna espere, Enoc! —arrugo mi nariz; me resulta divertido y carismático. Me lleva con él hacia mi habitación, conoce el camino y me deja en la puerta—. Iré por un trago mientras te preparas, Principessa.
Asiento y lo observo alejarse.
Cuando cierro la puerta para dirigirme al baño, esta se vuelve a abrir y me encuentro con Enoc.
—Venus, necesito que te detengas un momento y me prestes atención —asiento y deslizo mi blusa hacia arriba para dejar a la vista mi brasier—. Me urge una respuesta, está en camino y no quiero tener problemas con ella... por favor.
—Cumpliré con Gustavo, Enoc —me adentro al baño para revisar la ropa interior que tengo en el cajón; la chica de limpieza estuvo por aquí y se ha llevado mis mejores prendas. Me decido por un body, eso les encanta—. Él me solicitó primero.
—No, ella lo hizo —lo miro confundida—. Cuando te dije que te quería reservar solo para ella, me está reclamando eso.
—¿Cómo es que se enteró de que me estaban reservando? —le pregunto.
—Escarlata tiene un control sobre tus horarios —ladeo mi cabeza—. Me lo pidió la primera vez que vino contigo y no quería decírtelo porque sé cómo eres y...
—¿Estás de broma, Enoc? ¿Cómo es que ella tiene un control sobre lo que hago? —me quito el brasier y las bragas se deslizan por mis piernas. Enoc se gira de inmediato. Subo el body por mi cuerpo y lo ajusto—. ¿Está permitido? —asiente y cierro mis ojos; guardo mi ropa con rapidez dentro de mi bolso y camino a su lado.
—Solo piensa, Venus, es una mujer y no tendrías que bailarle a hombres —aprieta sus manos—. Sé que se masturban y se tocan cuando te ven bailar, sé todo lo que hacen y sé que te da asco... pero piensa que, si solo estás con ella, te ahorras esos momentos.
—¿Me vas a decir que Gustavo no hace eso? —trago saliva y recuerdo todas las veces en las que eyaculó sobre mis zapatos—. Y, ciertamente, sería un alivio para Pier saber que su novia no está encerrada con un hombre que no es...
Dejo de mirarlo, observo la cama... Pier nunca se ha molestado por mi trabajo, me conoció aquí y está bien con eso, lo hemos hablado, pero me hizo prometerle que el día que algo más suceda quiere saberlo. No sería capaz de engañarlo y romper la confianza que hemos creado; yo bailo, es mi trabajo y él no debe interponerse en eso.
Pero miento. No le digo que dejé que esa mujer me tocara la piel, no le digo que Gustavo se masturba y acaba en mis zapatos, no le conté de esa vez que masturbé a un viejo con la mano, no le digo nada de eso, porque arruinaría lo "perfecto" de nuestra relación. Pero aceptar a esta mujer sería cruzar una línea, darle el poder a alguien más de luego pedir otra cosa y no podría negarme... porque necesito el dinero.
Enoc sigue mirándome fijamente, sus ojos verdes están inyectados en mí, esperando una respuesta, y una positiva. Su cabello rubio está sujetado con una colita y el tatuaje que lleva en su cuello le da un tono más "malo".
—No lo sé.
—Solo tienes que decirme que sí... —susurra. En realidad, a él se lo veía más desesperado que a mí y no entiendo el porqué.
—Bien —me mira, buscando mi mirada—, sí, dile que sí.
Esboza una sonrisa un tanto perturbadora, levanta su teléfono y llama a un número en su lista de contactos. Termina en 66...
—¡Scar! —nombra con alegría y alivio—. Dijo que sí...
Escucho la voz profunda de una mujer, pero no lo suficiente para poder saber qué dice; apenas se oyen murmullos e indicaciones, por lo cual él asiente en cada palabra que sale de la bocina. Camino hacia la cama y me siento, esperando para saber qué debo hacer ahora... a la basura mis seis mil.
—Venus, vete a casa —se apresura a decir, alejando su teléfono un poco, pero sin dejar de escuchar lo que le dice—. Aún puedes ir a cenar —aquello me lo dice tapando el micrófono.
—No, me iré a casa —suspiro—. Gracias por hacerme tomar un taxi de 500.
Volví al baño para colocarme mi ropa; ahora solo quiero llegar a casa y dormir. Mañana hablaría con Pier sobre esto.
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