Capítulo 19

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El nombre se me escapa antes de que pueda sostenerlo, el silencio sigue perforando el ambiente y volviendo esto incomodo

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El nombre se me escapa antes de que pueda sostenerlo, el silencio sigue perforando el ambiente y volviendo esto incomodo. Trago saliva, su cuerpo esta tenso sobre el mío su respiración ya no esta agitada, la controla y creo que no esta respirando. Entreabro los labios para decir algo, pero se anima a hablar.

―¿Qué acabas de decir? ―pregunta, y ahora el aire me falta a mí, tengo una fea sensación en mi estómago. Sus dedos llegan a mi antifaz, tocan delicadamente la tela, asegurándose que no haya filtraciones de luz exterior.

―Yo... lo siento, yo no... ―intento explicar, pero no hay explicación posible que justifique que haya dicho el nombre de mi madrastra mientras una desconocida me penetra con un arnés. Siento la presión de sus dedos ajustarse a mi mentón para atraerme hacia ella, relamo mis labios y espero lo peor.

―No vuelvas a decir su nombre ―ordena ―dijiste que serias buena conmigo, Detka

―Lo siento ―me disculpo de nuevo, el silencio sigue, es denso e incómodo, puedo sentir su mirada sobre mi rostro, analizándome.

―¿La deseas? ―pregunta finalmente en susurro, y para mi sorpresa, vuelve a retomar el ritmo que había cesado por completo. ¿La deseo? Nunca había deseado a nadie así, ni a Pier, es confuso y abrumador, la palabra desear es completamente fuerte. ¿Es realmente deseo o una fantasía retorcida que tenia escondida? ―. Responde ―ordena golpeando mis caderas con la suya, un quejido se escapa de mis labios, clavo más mi uñas en su piel.

―Si... si, la deseo ―confieso

―Creí haber escuchado que no eras lesbiana ―se burla y quiero quitarla de encima mío, correr hacia la iglesia y pedirle perdón a Dios.

―No lo soy ―recrimino y algo ilumina mi mente... ―no recuerdo haber dicho que...

Empuja su cuerpo con fuerza hacia adelante, acallando mis palabras y robándome el aliento de nuevo. Mi espalda se arquea, dejo de tocarla para aferrar mis manos a las sabanas de su cama. Siento como el calor comienza a penetrarme de nuevo, las mejillas rojas, una leve capa de sudor encima de mi frente y leves sonidos que se escapan de mi garganta.

―Toda mía ―susurra contra mi cuello. Sus movimientos se vuelven mas deliberados, más profundos y la yema de sus dedos presiona círculos perfectos justo en el punto de mi entre pierna que necesita atención. ―¿Te gusta esto? ―pregunta, asiento sin tener la capacidad de hablar ahora, aumentan las embestidas y la presión de sus dedos en mi punto de placer. ―olvídate de ella ahora ―me ordena.

Pero es imposible olvidarme de Wanda cuando todo en ella me la recuerda, su aroma, su voz, la suavidad de su piel, la forma en la me toca como si temiera que me vaya a romper.

Sus dedos trabajan más rápido, sus caderas mantienen ese ritmo implacable que me tiene al borde del precipicio. Y el orgasmo me golpea como una ola devastadora, arrancándome un grito que resuena en toda la habitación. Mi cuerpo tiembla incontrolablemente bajo el suyo, cada músculo tensándose y liberándose en oleadas de placer puro.

IMPURA IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora