Capítulo 18

5.9K 569 101
                                        

Atravieso las puertas de Impura, ambiente inundado en un rojo escarlata, la música en un tono suavizado y sin excluir a los hombres borrachos que intentan de verdad caminar hacia las habitaciones

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Atravieso las puertas de Impura, ambiente inundado en un rojo escarlata, la música en un tono suavizado y sin excluir a los hombres borrachos que intentan de verdad caminar hacia las habitaciones. Inundados en alcohol, atragantados por la misma porquería que vienen a consumir y no quiero imaginar a las jóvenes chicas que hacen doble trabajo. Arrodilladas ante el dólar y montadas en la desgracia de una vida que condena. Los ojos de Enoc se pierden en mí, su mirada es severa y no parece tener alegría de verme como otras veces, le preocupa. Señala con su mano mi habitación, la habitación de Impura y donde he dejado más de un simple baile. El corazón me comienza a latir de forma exagerada, las probabilidades de que esto no termine tan bien como siempre son severas y, por el recuerdo de "está enojada", puede deberse esa mirada. Solo espero que no se descargue conmigo, ha sido muy buena y no lo creo, digo, yo no trabajo para cogerme a alguien.

Pero si es una mujer, ¿cuenta como infidelidad?

Claro que sí cuenta, soy una idiota, pero está hablado, está trabajado y Pier deberá entender que, sea lo que sea que deba hacer hoy, es solo por el dinero.

Enoc no dice nada, solo se acerca a mí y me muestra en su pantalla del celular.

"Escarlata: Cincuenta mil."

—No hace falta que te diga lo que significa —trago saliva, en la pupila de sus ojos puedo verme reflejada y los signos de dólar que sobresalen, demostrando que la voluntad de una persona puede romperse si se ponen verdes en la mesa. Trago más fuerte de lo normal, siento como la sequedad me inunda, me quiere y quererme le costará cincuenta mil. Son como veintisiete bailes míos de una hora, quizás más—. No diré nada, tranquila —en sus ojos la sinceridad abundaba, era cierto, no abriría la boca y mucho menos a él, a la única persona que me destruiría si supiera lo que estoy por hacer. Asentí. Afirmé con la cabeza un contrato que me costará mi integridad.

—Solo con ella y por esta vez —asintió.

Comencé a caminar hacia el espacio donde terminaría por sellar el lugar, pero me detiene nuevamente y cambia mi rumbo, indicándome hacia arriba. Ya no sería en la habitación de Impura, sería en su habitación, en su espacio y bajo sus reglas. El corazón está desbocado, queriendo hace rato salirse del pequeño espacio, golpeando sin cesar y poniendo mi mundo de cabeza. Aferro mis manos a mi vestido, camino hacia el ascensor y mi imagen se concentra con la de Enoc, perdido. Apretando sus dedos entre sí, subiendo su propio nivel de estrés a mil, cuando en realidad soy yo la que tiene que dar la cara arriba y ser la puta de la dueña de Impura. Del imperio que me ha dado de comer durante dos años.

Es increíble las situaciones en las que yo solita me meto.

Las puertas se abren, camino por el reducido pasillo, no hace falta que toque, la puerta se abre por sí sola y desde adentro sale un hombre muy alto, robusto y quien me da una mirada profunda.

—Escarlata, la cena —le grita y una suave risa se escapa de sus labios. El hombre se encamina hacia el ascensor, la mujer dentro me espera en el portal. Traspaso el espacio, la puerta se cierra detrás y, sin hacer mucho revuelo, me entrega lo que claramente es mi castigo.

IMPURA IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora