+18
🌻Venus, una talentosa bailarina exótica, ha perfeccionado el arte de ocultar su vida nocturna tras una fachada de normalidad. Durante más de dos años, ha dominado el equilibrio entre sus estudios universitarios y su trabajo, generando ingresos...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El dolor de cabeza con el que me despierto es denso, tengo dolor de cuello y los ojos me pesan en cantidad, intento mover mi cuerpo. Pero rápidamente descubro que mis manos y pies están atados; el cabello sobre mi cara no me permite ver con determinación a mi alrededor.
El olor a humedad penetra mi nariz, es como si fuera más consciente de los aromas tan incómodos que hay en el lugar. Elevo mi cabeza y cierro los ojos ante el tirón que me da en el cuello.
¡Mierda! ¡Mierda!
La imagen de Wanda reaparece en mi cabeza... luego, enfrente de mí.
—Veo que despertaste —su voz se hace presente, abro mis ojos y la observo mientras baja las escaleras. Estoy en el sótano, es por esta razón que nunca tendría una casa con sótano. Ya sabía yo que tanta perfección acumulaba lo oscuro en un lugar como este. En sus manos trae una bandeja, la deja sobre una pequeña mesa de madera y camina hacia mí—. Te ves linda.
—Wanda.
—Shhh, no digas nada, te ves muy cansada —acaricia mi mejilla con sus dedos y el tacto me asquea. Corro mi rostro de su mano; aquella acción me condena. No le ha gustado que hiciera eso, aprieta la mandíbula y se inclina.
—Por favor, déjame ir —insisto, aunque es muy estúpido hacerlo cuando claramente eso no pasa en las películas de terror; no seré libre y mis posibilidades de morir son altas—. Prometo no decirle a nadie, me iré del pueblo —mis expresiones exageradas me obligan a sentir cómo muero lentamente, estoy cagadísima del miedo—. Del país, si hace falta, no me volverás a ver —sonríe de lado.
—Eso es justamente lo que no quiero que suceda, Arte —relame sus labios—. Este es tu hogar, es tu casa y ahora soy tu familia, no tienes a nadie más —desliza los mechones de mi cabello detrás de mi oreja, pero no quiero que me toque.
—¿Por qué me haces esto? —pregunto con las lágrimas esparciéndose por mis mejillas, siento la cara arder del coraje y mi cabeza solo piensa en Lisa, en Pier, en mi madre. En los ojos de Enoc, aquellos intentando advertirme de la locura de la mujer que me había alquilado.
—Todo lo que he hecho lo hice por amor —susurra—. Ahora no lo ves, pero lo verás y estarás conmigo para siempre.
—Jamás estaría contigo de nuevo —una queja se escapa de sus labios, pero sus ojos verdes son desviados hacia la cima de las escaleras; la mujer que vi en su oficina baja con rapidez.
—¡Wanda! ¡Mierda, qué hiciste! —la mujer me mira con persistencia y luego a la mencionada; ella aprieta sus labios, respira profundamente.
—¡Por favor, ayúdame! —le suplico entre lágrimas. Wanda me mira rápidamente.
—Natasha, te dije que no bajaras —se aleja de mi lado, ignorándome por completo y la mujer no puede dejar de verme, quiere ayudarme, pero no puede—. Subamos.