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🌻Venus, una talentosa bailarina exótica, ha perfeccionado el arte de ocultar su vida nocturna tras una fachada de normalidad. Durante más de dos años, ha dominado el equilibrio entre sus estudios universitarios y su trabajo, generando ingresos...
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Trato de procesar lo que dijo, pero su mano se desliza por la mía y me arrastra hacia la habitación, no sé qué decirle. Es un hecho de que no hay nadie más en la casa, a Lisa le ha importado poco que su hermana no esté y solo espero que a Pier no se le haya ocurrido hacer un caos en Impura. Dejo de sentir su tacto, se pierde por la habitación del baño y me acerco a dejar mi móvil cargando; escucho el suave sonido de la ducha caer. Segundos después, tengo a Wanda enfrente de nuevo.
—Desvístete.
—¿Qué?
—Que te desvistas, ¿cómo planeas bañarte? —pregunta como si fuera la cosa más obvia del mundo. Estoy alcoholizada, pero sigo consciente ante mis actos.
—Lo haré cuando salgas de la habitación —niega y frunzo el ceño.
—Quiero asegurarme de que quedes limpia...
—Estoy segura de que sé cómo bañarme —recrimino, ofendida totalmente, y se acerca a mi cuerpo para quitarme la camiseta. No opongo resistencia porque lo hace tan rápido y cuando quiero decir algo, la encuentro de rodillas desprendiendo mi pantalón. Trago duro, esto es... es mucho más de lo que cualquier persona puede soportar. —Yo... yo... y... —tartamudeo como una maldita estúpida. Sonríe de lado y se levanta del suelo para estar de nuevo a mi altura.
—Tú... tú... tú —se burla y me toma de la mano, me lleva hacia el baño. Espero su próximo movimiento, el agua de la ducha cae dentro de la bañera, pero esta no es llenada porque no le ha colocado el tapón. Hay vapor y es casi difícil ver, pero imposible no distinguir el naranja o rojizo brillante de su cabello. Me obliga a adentrarme al agua, el calor de esta me hace cerrar los ojos; no está caliente, pero para mi cuerpo es difícil acostumbrarse, los vellos se me ponen de punta y siento aún más tensión cuando el jabón es deslizado por mis piernas.
Lo bueno es que no me obligó a quitarme la ropa interior.
La cremosidad del jabón es arrebatada por el agua de la ducha. Wanda se ve claramente molesta por eso y con un suave golpe en mi pierna me hace salir del agua de nuevo. Ahora sí, lo desliza sin problema y con sus dedos lo esparce por la piel, sube, llega a mis rodillas.
Masajea la zona, cierro los ojos para relajarme y tratar de no estar tensa, su tacto no es duro, es suave y cuidadoso. Mis muslos... ¡Dios! ¿Qué pensará mi padre si se entera de que dejé que su novia me bañara?
—Creo que mejor debería bañarme sola... no tengo cinco años.
—Cierra la boca —ordena. Trago saliva, mirarla desde arriba me produce un dolor en el estómago y no puedo dejar de pensar que esto está muy mal. Se pone a mi altura, desliza el jabón por mi abdomen y lo deja a un lado, son sus manos las que se toman el atrevimiento de limpiarme.
Me mira con firmeza, su dedo pulgar acaricia por encima mi ombligo y ambas manos deciden recorrer mi silueta.
Una pasada... Dos... Tres... y toma de nuevo el jabón.