Capítulo 5

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La iglesia había logrado hacer una recaudación de fondos para los sectores más vulnerables de la ciudad; las mesadas se alzaban llenas de cosas, juguetes, ropa y alimentos

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La iglesia había logrado hacer una recaudación de fondos para los sectores más vulnerables de la ciudad; las mesadas se alzaban llenas de cosas, juguetes, ropa y alimentos. Con mamá logramos traer diferentes tipos de tartas, cosas dulces para que el que quisiera comer y compartir junto con los demás fuera bienvenido. El sacerdote, Tomás Wilde, se acercaba a cada uno de los niños con suavidad y les entregaba un vaso con chocolate; también había té, así que podían elegir entre los dos. Las demás señoras que acompañaban este momento tan animado lo miraban y parecía que querían comérselo con la mirada.

Tomás Wilde tiene 27 años, cabello negro y ojos azulados, parece un modelo y por ahí escuché "el desperdicio de Dios".

Palabras dichas por una mujer de 40 años, quien se ha excitado y seguro se coge a su marido en las noches pensando en el padre Tomás.

—Qué asco dan las mujeres —me comenta mi madre. Le doy una mirada a sus ojos mientras observa con desaprobación a sus amigas, quienes están perdidas en las acciones de Tomás—. Es jovencito, no pueden mirarlo de esa forma tan... hambrienta. —Elevo mis ojos con sorpresa, ella de verdad está molesta por esa situación—. Tú no lo miras igual, ¿verdad?

—Mamá, es sacerdote.

—Sí, bien, eso me alegra —susurra y lleva a su boca un poco de la tarta de frutilla. A lo lejos observo que se estaciona el vehículo de mi padre; él también asiste a estas pequeñas celebraciones y trata de ayudar con lo que puede—. Y hablando de cosas asquerosas... tu padre.

—Mamá —reto y ella rueda los ojos.

—¿Cómo tiene el descaro de traer a su novia? —trato de enfocar mi vista y el cabello cobrizo de Wanda se hace presente; ella baja con muchas bolsas en la mano. Se acerca con suavidad a Tomás y se las entrega, él las recibe gustoso.

—Cariño —nombra mi padre y deposita un beso en mi frente—, no he sabido nada de ti desde el miércoles.

Hoy es domingo.

—¿Miércoles? —pregunta mi madre.

—Artemis fue a comer a casa, pero se tuvo que ir antes... —mi madre frunció el ceño y clavó su mirada en mí. Yo le mentí, le dije que había ido por ahí con Pier. Wanda se acerca; mamá la mira de arriba hacia abajo y decide alejarse—. Iré con tu madre para hablar sobre un tema.

Asiento y lo veo perseguirla, mientras ella intenta hacer de cuenta que no existe.

Wanda se sitúa a mi lado y toma una porción de la tarta de frutilla...

—Hola —me dice con suavidad.

—Hola —contesto de forma rápida.

—¿La hiciste tú? —pregunta. Asiento y observo cómo se lleva un poco a la boca; mastica mientras va asintiendo y trata de ignorar mi mirada. Le extiendo una servilleta.

IMPURA IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora