Capítulo 33

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Natasha no preguntó más sobre nuestra pelea, se encargó de coser la herida de la cabeza de Wanda y luego sanar las mías, estoy llena de pequeñas vendas que simulan ser curitas

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Natasha no preguntó más sobre nuestra pelea, se encargó de coser la herida de la cabeza de Wanda y luego sanar las mías, estoy llena de pequeñas vendas que simulan ser curitas. Luego de un baño, dejó a Wanda en su habitación y yo me quedé aquí, en la cocina, junto con ella.

—No quiero preguntar, pero... necesito saber, ¿qué pasó? —llevo a mi boca una tostada y mastico con lentitud.

—Discutimos.

—¿Por qué? Y no me digas que por nada, porque le hice doce puntos en la herida de su cabeza.

—Wanda se pone muy violenta para hablar, no me dio muchas opciones, era correr o volver a la cama con ella —hundo mi rostro en la taza caliente y los ojos de Natasha me siguen con cada uno de mis movimientos.

—¿Y por qué no volviste a la cama con ella? —su pregunta suena coherente. ¿Por qué no volví?

—¡Tenía un maldito cuchillo en su mano! —susurro, perdiendo la cordura por completo y señalando la puerta de su habitación. Nat cierra los ojos y respira profundamente—. Solo... no lo pensé, tomé la piedra y la golpeé, antes ella que yo.

—Ella no te hubiera lastimado, solo lo hacía para asustarte —elevo mi ceja.

—Bueno, no lo parecía, estaba muy decidida a perforarme con el cuchillo.

—¿Por qué no escapaste cuando la golpeaste? —hace preguntas tan tontas que el dolor de cabeza vuelve a hacerse presente y quisiera estar en casa, en mi cama, durmiendo, pero no, estoy secuestrada.

—Lo hice, lo intenté...

—Pero te atrapó —susurra en medio de su descubrimiento.

—Y luego de golpearla intentó ahorcarme, la empujé y firmamos un pacto de paz, final feliz para todos, menos para mí —bromeo—, que sigo en este maldito lugar —miro hacia el exterior, limpio con rapidez las lágrimas que han de aparecer en mi rostro—. No pude dejarla cuando dijo que iba a dormir, pude —el nudo en mi garganta es cada vez más doloroso—, pude haberme ido y escapar, pero la culpa y verla de esa forma... mi corazón no me lo permitió.

Natasha rodeó la mesa que separa nuestros cuerpos, deslizó la silla a mi lado y acunó mi rostro en su pecho. Por primera vez estaba sintiendo algo humano, algo sincero, y el calor de alguien que no era una persona mentalmente desnivelada. El corazón palpitante, lleno de vida y nervioso de Nat, golpea mi campo auditivo, cierro los ojos y aferro mis manos a su cintura, necesito más que un abrazo, quiero unirme a ella, quiero que me salve. Que me arranque de los brazos del monstruo.

Del monstruo que también me ablanda el corazón. Quiero alejarme de sus ojos verdes, de sus labios, de su tacto tan íntimo y de la sensación de debilidad que me produce cada vez que me toca. Quiero alejarme de sus besos perpetuos, que terminan cada vez hundiéndome más en el delirio de su presencia, y quiero dejar de pensar, solo dormir para no despertar.

IMPURA IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora