+18
🌻Venus, una talentosa bailarina exótica, ha perfeccionado el arte de ocultar su vida nocturna tras una fachada de normalidad. Durante más de dos años, ha dominado el equilibrio entre sus estudios universitarios y su trabajo, generando ingresos...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Pier me convenció de invitarlo a ver una película, como Wanda no estaba y Lisa salió a una fiesta, me pareció buena idea. Aunque lo obligué a entender que no iba a pasar nada sexual acá, porque debía respetar la casa de mi padre. Ahora estaba recostada en el sillón, con la cabeza de Pier entre las piernas y mirando una película... una que eligió él. Algo sobre el medio oeste y caballeros, un asco. Bajé mi mano para acariciar su cabello, está metido de lleno en la película y yo me muero del aburrimiento.
El timbre de la casa suena.
—Llegó la pizza —se levanta un poco para darme el espacio y me encamino hacia la puerta. —Buenas noches —digo cuando me encuentro con el repartidor. El diálogo es corto, le entrego el dinero y el muchacho se va.
—¡Uy, pizza! —exclama con alegría y se sienta para estar más cómodo. Lo observo divertida—. ¿Dónde está Wanda?
—No lo sé, salió esta tarde y no ha regresado.
—¿Crees que le moleste verme aquí? —elevo mis hombros y tomo asiento a su lado, sus ojos azulados me miran una última vez—. Tengo que decirte algo...
—¿Qué?
—Creo que me odia.
—Y no deberías esperar menos por tu último espectáculo en la puerta de su hogar —blanquea los ojos.
—Ya me disculpé con ella por eso, pero... ¿por qué condenarme? —se lleva a la boca un pedazo de pizza—. ¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Cómo te llevas con ella? Si algo malo pasa, vamos a mi hogar y dejas este, sabes que me importa poco lo que diga tu madre.
—Me llevo bien, bueno, la última semana no la he visto —contesto y recuerdo esa noche, todavía navega en mi cabeza la incertidumbre de si fue real o no—. Me refiero a que la veo por la mañana, pero luego se va al trabajo y dejo de tener contacto con ella.
—Es abogada, ¿no? —asiento—. Debe ser rígida —le miro y frunzo el ceño sin entenderle—, con tu padre, el sexo, me refiero.
—Oh no, no vamos a hablar sobre mi padre y cómo tiene sexo con su novia —él suelta una carcajada. Mi teléfono suena y la pantalla se ilumina con el nombre de Enoc. La sonrisa se le esfuma—. Tengo que atender —tira la pizza sobre la caja y aprieta su mandíbula con fuerza.
—¿Sabes? Prefiero mil veces cuando no estabas pendiente de una sola persona —escupe, molesto. Sostengo el teléfono y no contesto—. Quiero que le des un final.
—Pier...
—No, Pier nada —se levanta del sofá y su tono de voz cambia, no me habla de una forma pasiva—. Está destruyendo nuestra relación, no puedo tenerte ni un solo momento para mí —blanqueo los ojos. Quiero evitar esta discusión y no terminar mal, pero es inevitable. ¿Quién está haciendo las cosas mal? ¿Yo, que necesito el trabajo, o él, que no aguanta los celos?