Capítulo 6

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Me adentro en Impura con la esperanza de ver a mi novio

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Me adentro en Impura con la esperanza de ver a mi novio. Hoy no estoy vestida extravagante, no llevo zapatos y no tengo la mínima intención de que alguien se fije en mí. Me puse los shorts más feos que encontré en mi armario, azules con blanco cuadriculado, y una camisa blanca. Piero me observa desde la barra del bar; su atención está puesta en un viejo de unos setenta años que bebe como si fuera el último día de su vida. Probablemente lo sea.

—Hola —saludo. Él esboza una sonrisa y me toma del borde de la camisa para acercarme a sus labios y besarme como si nunca lo hubiera hecho en su vida. Su lengua entra sin permiso en mi cavidad bucal, recorre cada centímetro de mí; nuestras respiraciones se funden en una sensación de desesperación y la barra que nos separa comienza a ser una molestia. Alguien tiene la caradurez de poner su mano en mi espalda y me alejo de inmediato. Es Enoc.

—Creí haberles dicho que en el trabajo nada de besos en público —Pier suelta una risita digna de un niño que acaba de cometer una travesura y la mirada de Enoc no demuestra que le divierta esto. Luego baja la mirada a algo que le llama la atención, el bulto de los pantalones de mi novio—. Pier, calma tu situación.

Las mejillas se le enrojecen de manera automática y se tapa de inmediato con sus manos. Sonrío.

—¿Qué haces aquí, Venus? —saca su teléfono—. Nadie me dijo que vendrías.

—Oh no, solo venía a ver a Pier —asiente con la cabeza y analiza mi rostro, esperando otra respuesta.

—Ya lo viste, lárgate.

—Recién llego.

—Si alguien te ve, no dudarán en pedirte —blanqueo mis ojos. Enoc sube su mano y acaricia su cien con suavidad, como si estuviera cansado de lidiar con nosotros—. Dame un coñac, Pier —ordena, y el nombrado asiente tan rápido que parece muñeco de parabrisas.

—¿Y qué tiene de malo? —pregunta Pier. Aún no he encontrado el momento para decirle lo que está pasando—. Creí que venías a trabajar.

Niego. Enoc no duda en clavar sus ojos en mí.

—¿No le has contado nada?

—No he tenido tiempo.

—¿Contarme qué? —la confusión en su rostro es notable. Un hombre se acerca a pedirle un trago y este asiente suavemente sin quitar sus ojos de mí. Enoc posa su mano en mi cintura, atrayéndome a él. Estoy a nada de golpearle, pero veo que no lo hace con malicia; son los ojos de ese hombre que se ha acercado a pedir un trago los que lo ponen en alerta. Me mira de abajo hacia arriba, toma el trago que Pier le da y se aleja sin quitar sus ojos de mi cuerpo. Enoc me deja en paz.

Piero me mira como si fuéramos un par de extraños, un matrimonio discutiendo en medio de un bar de putas.

—Venus ya no tiene que bailarle a cualquiera —el filo del vaso toca sus labios, el líquido ingresa y el ardor que él debe estar sintiendo ahora está en mi garganta—. Escarlata la alquiló como exclusiva.

IMPURA IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora