Capítulo 39

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Pov

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Pov. Artemis

Mis uñas se entierran en mi cuero cabelludo, el agua choca contra mi cráneo y se esparce con rapidez por la desnudez de mi cuerpo, remarcando la figura, la cintura y la desesperación que antes acuné en mí. Llevo cinco días escondida en este motel de quinta mano, no he salido siquiera a comprar pan, todo me lo han traído a la puerta de la habitación y, por mucho que intento alejarme de las ventanas, en la noche no puedo cerrar los ojos sin pensar en su cara.

La mampara del baño se ha empapado por completo, el agua está tan caliente que el vapor que se ha formado es desesperante, pero estamos en invierno y no hay nada peor que esta estación.

Cierro las canillas del agua, estiro mi mano para tomar la toalla y la envuelvo en mi cuerpo, observo en el lavabo la prueba de embarazo, no he querido afrontar eso, tengo la esperanza de que Wanda en realidad haya mentido y yo, por milagro, no tenga nada dentro de mí. De otra forma, no me hubiera dejado salirme con la mía. Pero el miedo que siento no se detiene, luego de enviarles a toda la fuerza policial encima, lo mínimo que espero es que esté entrando a una celda de máxima seguridad y desayunando todas las mañanas un té con restos de pan de ayer. Para Natasha espero lo mismo.

No me molesto siquiera en vestirme, abro las cobijas e inserto mi cuerpo, mi refugio es el noticiero nocturno que habla de la inseguridad de la zona donde me estoy quedando, no estoy tan alejada de mi próximo destino y, por suerte, muy lejos del anterior. Quiero algo tranquilo, me olvidaré por completo de lo que fui, comenzaré de nuevo y de cero, me enamoraré, me casaré... y no, no tendré hijos. Acurruco mi cuerpo, buscando más calor del que emana de mí y observo fijamente la ventana. Está levemente abierta, se puede ver quién pasa por el pasillo abierto, la cortina se mece muy suavemente y me hace sentir en paz, la idea de que nadie puede meter su mano por esa abertura, mínima y fina. Poco a poco voy cerrando los ojos, estoy cansada y el cuerpo me lo hace saber.

Bostezo grandemente, alcanzo el control remoto para apagar la pantalla y dejarme a oscuras en un cuarto completamente desconocido, esta situación solo me recuerda a todas las películas de asesinatos que he visto. La luz de mi móvil parpadea, he tenido que comprar uno nuevo y deshacerme por completo del anterior, lo enterré en algún lugar del camino.

Intento aferrarme con fuerza a la realidad, al mundo que todavía está despierto y no caer en las manos de Morfeo, ese ser que tira de mi cuerpo hacia las penumbras de lo más solitario. Hay un pequeño sonido que proviene del baño, la canilla no cierra correctamente y el goteo es evidente, alejado, cae cada siete segundos y se golpea con los cerámicos del suelo. No puedo dormir, no puedo hacerlo, la tripa de mi estómago gruñe, me desespera y me levanto. Tomo una camiseta, una que compré en una venta de garaje, conseguí cuatro diferentes, vintage y con algunas manchas de, quiero creer, aderezos.

Me encamino hacia el baño, observo en el lavabo aquello, no puedo, debo hacerlo y lo abro, pero no entiendo mucho, nunca en mi vida he escuchado este tipo de cosas. Una diminuta bandejita donde se supone debo colocar mi orina y una varilla que parece más un termómetro que una prueba. ¿Por qué los hacen de esta forma?

IMPURA IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora