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🌻Venus, una talentosa bailarina exótica, ha perfeccionado el arte de ocultar su vida nocturna tras una fachada de normalidad. Durante más de dos años, ha dominado el equilibrio entre sus estudios universitarios y su trabajo, generando ingresos...
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La oscuridad nunca fue uno de mis placeres, de niña siempre tenía el velador encendido porque creía que debajo de la cama y en el placar, había un hombre malo. Hoy no se trata de eso, estoy vendada y se me ha prohibido poner siquiera un dedo encima de mi antifaz.
Aunque son diferentes situaciones, el miedo nunca me ha abandonado por completo y lo único que pasa por mi cabeza es la imagen de mi madre, aún no la he llamado, no tengo ni la mínima noción del tiempo. Intento calcular cuánto ha pasado desde que llegué aquí, pero los minutos se alargan o se acortan sin patrón. Al menos no estoy desnuda, me ha puesto una camiseta larga que huele a lavanda y ropa interior nueva. La tela es suave contra mi piel, casi reconfortante.
Solo tengo que continuar con la situación y esperar a que diga "eres libre". ¿Por qué acepté meterme en esto? ¿Por qué diablos Enoc, no me dejó donde estaba?
Muevo mis muñecas, probando el límite de las cadenas. No son ajustadas, tengo cierto rango de movimiento, pero el metal frío me recuerda constantemente que no puedo ir a ningún lado. Intento enfocarme en otros sonidos: el zumbido lejano del aire acondicionado, el roce de las sábanas cuando me muevo, mi propia respiración que suena demasiado fuerte en la oscuridad impuesta.
No sé dónde está ahora, se ha marchado hace algunas ¿horas?, no lo sé, pero lo único que puedo escuchar es mi respiración haciéndose presente. Me ha subido a la cama, eso es bueno, ya que no estoy en la incomodidad del suelo y por lo menos ahora, no tengo que preocuparme por abrirle mis piernas. Tiro mi cabeza sobre el cabezal de la cama y hago respiraciones profundas. Cuento: uno, dos, tres, cuatro. Exhalo. Uno, dos, tres, cuatro.
El silencio es pesado, casi tiene textura. Me pregunto si estoy sola en la habitación o si ella está ahí, observándome en silencio. La idea me eriza la piel. Ladeo la cabeza, intentando captar algún sonido que me indique que no estoy completamente sola, pero nada. Solo yo y la oscuridad.
El sonido de la puerta abriéndose me sobresalta, mi cuerpo entero se tensa de inmediato. Escucho pasos suaves acercándose, el susurro de la ropa al moverse. Me pongo en alerta, mi respiración se acelera sin que pueda controlarla. Sus dedos hacen un pequeño camino de caricias desde mi pie, el contacto es cálido y me hace dar un respingo involuntario. Suben lentamente, trazando líneas invisibles en mi pantorrilla, acariciando detrás de mi rodilla donde soy sensible, y se detienen cuando llegan al borde de la camiseta. Mis muslos tiemblan.
—¿Me extrañaste, Detka? —trago saliva, intento reincorporarme en tiempo y espacio... no verla me molesta más de lo que pensé y mi cabeza comienza a buscar desesperadamente una imagen, alguien que se le parezca, algo a qué aferrarme.
—Sí, ¿dónde estabas? —pregunto suavemente, mi voz suena pequeña incluso para mí. La cama a mi lado se ahueca, siento cómo se hunde el colchón con su peso, cómo mueve las sábanas y el aire se desplaza con su movimiento.
—Arreglaba unos asuntos para poder estar aquí contigo —su voz no se escucha áspera como al principio, es suave y me genera una calidez extraña en el pecho. No sé si confiar en este cambio de tono. —Vamos a dormir, ¿sí?