Capítulo 25

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Mi padre aparece por la puerta, en su mano una bandeja de masitas de chocolate y en su boca la sonrisa más grande que podía abarcar

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Mi padre aparece por la puerta, en su mano una bandeja de masitas de chocolate y en su boca la sonrisa más grande que podía abarcar. Me reacomodo en el asiento, tal parece que aún no le dice a Wanda sobre lo que ha hecho y Wanda todavía no lo deja. Yo no espero nada en realidad, según mi laptop el próximo viaje de avión al fin del mundo es el 5 de febrero y lo decidí, no quiero quedarme aquí.

Con los 50 mil de Escarlata y el dinero de Gustavo, que por cierto Enoc me lo dio entero, no quitó su mitad, puedo pagar un departamento, vivir cómodamente por tres meses hasta encontrar algo. Quiero escapar, Gustavo no me dejará en paz y no sé nada de Escarlata desde hace dos semanas, es mucho tiempo para alguien que paga por mis servicios.

—¿Cómo está mi princesa? —escuchar esa palabra solo me da asco, recuerdo a Gustavo y el encanto se pierde.

—Bien, ¿tú?

—Estoy muy bien, me levanté temprano, fui al trabajo y me tomé un descanso para venir aquí —lo observo dejar la bandeja en la mesa, camina hacia la cafetera y vierte café dentro de una taza. Mis ojos se desvían de nuevo a la pantalla de la laptop—. ¿Tu madre?

—En la iglesia, tenía una reunión o algo así —se sienta a mi lado, pero antes de que pueda cerrar la página él ya la vio.

—¿El fin del mundo? ¿Qué hay ahí? —elevo mis hombros.

—Me salió una publicidad y entré.

—¿Te gustaría vivir ahí? —abre la bandeja de masitas—. Nunca hablamos de si querías hijos.

—No, no quiero —tomo un poco de té—. Lo hablamos con Pier en un momento y él no estaba muy de acuerdo con mi decisión.

—Eso... eso es sorpresivo —le miro—. Creí que te gustaban, digo... fuiste la segunda madre de Lisa —bromea.

—Por eso —me mira de inmediato, está a punto de hablar cuando ingresa mi madre por la puerta...

—Es increíble las ideas de recaudación que tienen algunas personas —deja sobre la mesita las llaves de su auto, levanta la mirada y observa a mi padre—. Tristán, ¿qué haces aquí?

—Desayuno junto a mi hija —acaricia mi cabello.

Me llega un mensaje de texto de Enoc.

"Ven, ahora mismo".

Se acabaron las vacaciones.

Estoy segura de que Escarlata nunca se enteró de lo que pasó con Gustavo y eso lo agradezco, aunque hoy no me apetece trabajar, debo ir.

—Los veo luego, tengo que ir a trabajar.

—¿Trabajo? Pensé que te habían despedido —la voz de mi madre es suave, le miro y ella está confundida, mucho más que yo.

—¿Qué?

—Desde hace dos semanas que no te mueves de casa, cielo, estaba segura de que... que no trabajabas.

IMPURA IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora