Capítulo 10

5.8K 576 50
                                        

La habitación se encuentra vacía, no hay rastro de Escarlata e imagino que está preparándose o en el bar

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

La habitación se encuentra vacía, no hay rastro de Escarlata e imagino que está preparándose o en el bar. ¿Pier la habrá visto sin máscara? Lo dudo. ¡Dios, Pier! Hoy tendré que hablar con él. ¿Antes o después de la fiesta? No es un buen momento para eso.

Intento dispersar mi mente, camino hacia el baño y antes de que comience a desvestirme escucho la puerta abrirse. No me giro, sé que es ella.

—Desnúdate —ordena. La miro de inmediato, confundida, pero no me está mirando. Camina con prisa hacia mi lado y con su mano me corre hacia atrás, rebusca en el cajón de mi ropa aquel pedazo de tela que va a cubrir mis ojos. Espero, no sé qué hacer... y parece que mi voz me abandona cada vez que la tengo cerca. Me la extiende, pero no me mira y eso me parece raro; rodea mi cuerpo, subo mis manos para sostener la tela contra mis ojos y luego sus dedos se encargan de entrelazar las tiras detrás de mi cabeza.

Siento que lo ajusta con fuerza, asegurándose de que no se caería con ningún descuido y lo siguiente que escucho es la porcelana de la mascara golpear la mesa del lavabo. Sus manos me recorrer desde los hombros, hasta mis manos y se me eriza la piel cuando la siento pegarse más a mi cuerpo.

Trago saliva.

Sus manos encuentran el borde de mi pantalón, desprende el botón y lo desliza hacia abajo.

La yema de sus dedos se desliza por los costados de mis piernas, se elevan hacia arriba y terminan en la desnudez de mi abdomen. Me acaricia con tanta suavidad, no sé si debo decir o hacer algo, pero lo único que siento es cómo me estremezco ante su tacto. Pier nunca me hizo sentir de esta forma, nadie, en realidad, ninguno de los chicos con los que estuve antes, y eso me provoca un sentimiento de culpa. Permitirle que sus toques me afecten, siento que le estoy fallando a Pier...

Subo mis manos, detengo su tacto. Ella no dice nada, pero estoy segura de que me mira y entiende mi reacción.

—¿Qué pasa? —pregunta, su tono de voz es diferente, cálido y suave. Su dedo pulgar acaricia mi mano, esperando con paciencia a que conteste su pregunta y no sé qué decirle.

—Nada.

—Entonces, ¿por qué me detienes? —se acerca a mí, su respiración se acentúa en la piel desnuda de mi cuello. Dejo de sostenerle las manos y subo mi tacto a sus hombros—. ¿No te gusta? —pregunta. Sus labios se entreabren y entierra sus dientes en mi cuello. Es inevitable, no puedo evitarlo y de mis labios se escapa un gemido. Sonríe—. ¿Eres religiosa?

—¿Qué? —pregunto, confundida, sin entender, y la alejo un poco.

—Tu collar —desliza sus dedos por este y me maldigo por no habérmelo quitado antes, pero es que no me dio tiempo a nada.

—Sí.

—Interesante... —se despega de mi piel. Escucho sus zapatos alejarse, me quedo inerte sin poder reaccionar y tampoco puedo hacer mucho; si me quito el antifaz y descubro que sigue aquí, sería una atrocidad. Una pila de problemas me llovería.

IMPURA IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora