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🌻Venus, una talentosa bailarina exótica, ha perfeccionado el arte de ocultar su vida nocturna tras una fachada de normalidad. Durante más de dos años, ha dominado el equilibrio entre sus estudios universitarios y su trabajo, generando ingresos...
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En la radio se oye música clásica; el piano es tocado con la furia de un gran artista. Me detengo un momento a admirar con determinación el sonido que sale por el pequeño aparato y me sobresalto al oír que la alarma de la cocina ha saltado.
Llevo unos meses aquí. Wanda cree que ya estoy acostumbrándome al cambio, a sus reglas y a sus decisiones, pero solo estoy siendo paciente: no todo puede salir perfecto. Mi padre una vez me dijo: "la perfección es imperfecta, siempre se comete un error".
Sé que solo tengo que tener fe, Dios me guiará e iluminará por completo mi camino.
—Eso ya está listo —la voz de Natasha me obliga a levantar la vista, asiento y camino hacia la cocina. He preparado una tarta de manzana, fue ella quien me trajo la receta. Wanda no me deja cocinar, pero como ella no está, no le importará, porque no lo sabrá.
Siento el cuerpo de alguien a mi lado, la miro de reojo, abro el horno y cuando estoy por sacarla, Natasha extiende un repasador. La locura me lleva a situaciones de peligro, no he visto otra cara que no sea la de ella y la voz de la radio, que, por suerte, nunca la apagan.
—Ibas a quemarte, linda —susurra. Aprieto los labios y deslizo hacia afuera la pequeña bandeja redonda.
—¿Preparas el té? —asiente. La observo caminar hacia la pequeña olla para calentar agua. Natasha no es tan mala para la vista, es muy parecida a Wanda; no entiendo por qué ella no siguió asistiendo a los bailes y no he preguntado, creo que Wanda no sabe que lo sé—. ¿Puedo preguntar algo?
—¿Mmm? —eleva las cejas, sus ojos verdes me reconfortan un poco y la casa no se siente tan vacía cuando Wanda no está.
—¿Por qué asistías primero a los bailes? —coloca un saquito en cada una de las tazas, en este caso dos, Wanda no llegaría hasta la noche.
—Wanda quería asegurarse de que fueras tú —suspira.
—Y... ¿cuántas veces fuiste tú y cuántas fue ella? —recuesta su cuerpo sobre la heladera, muerde su labio y admira el agua que aún no hierve.
—Wanda solo fue seis o siete veces —me encuentro con su mirada—. Se sintió demasiado expuesta y decidió no aparecer, estaba convencida de que sabías que era ella. —¿Cuáles fueron esas veces? Intento recordar cada uno de los encuentros, pero ninguno se me hace familiar, su tacto... su tacto—. Guarda ese secreto.
—¿Qué?
—Wanda no sabe que fui más veces que ella, solo no se lo digas.
—Bueno, hubiera preferido que siguieras siendo tú —me mira—, al menos tú no ibas a secuestrarme —bromeo y de sus labios se escapa una risilla, sonríe.
—Wanda no es mala como parece, solo no está siendo razonable y cuando se dé cuenta de lo que ha hecho estoy segura de que te dejará ir —el sonido del agua hirviendo se hace presente, gira su cuerpo para apagar la hornalla y con mucho cuidado lo vierte dentro de la taza.