+18
🌻Venus, una talentosa bailarina exótica, ha perfeccionado el arte de ocultar su vida nocturna tras una fachada de normalidad. Durante más de dos años, ha dominado el equilibrio entre sus estudios universitarios y su trabajo, generando ingresos...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Esta semana conseguí que Drake me prestara su cámara de fotos y me la enviara a mi hogar. Insistí bastante y me hizo prometerle que haría una sesión de fotos para su página web. Fue duro, pero algo logrado y la necesitaba con urgencia. Lisa, mi hermana, tiene su acto de colación y mi viejo smartphone no tiene una buena cámara. Es un vejestorio con cinco megapíxeles y una mancha de humedad, gracias a la brillante idea de meterme a la bañera con él.
Luana, mi madre, encendió el vehículo y mientras yo miraba las fotos de Drake, muy buenas, por cierto, esta decidió hacer un comentario sobre mi amigo.
—Y ese tal Drake, ¿sabe que no conseguirá trabajo con tantos tatuajes? —la miro de reojo, sonrío ante lo que ha dicho y trato de no explotar mi lado juvenil. A los mayores, con calma.
—Ya nadie te impide trabajar si tienes tatuajes, mamá —la mujer abre levemente los ojos con sorpresa e intenta aferrarse al volante del auto—, son otros tiempos.
—El diablo está en todos lados —susurra e intento, con todas mis fuerzas, no reírme sobre lo que acaba de soltar, pero no estoy con cualquier persona, estoy con mi madre, una mujer religiosa y quien no tendrá problema en darme una abofeteada si hace falta.
—Cambiando de tema —apago la cámara—, la señora Merci me preguntó si llevarías la tarta de frutilla el domingo... le dije que sí, ¿está bien?
—Toda la semana me ha preguntado lo mismo —comenta con cansancio— y sí, la llevaré yo. ¿Vendrás conmigo el domingo? Le pregunté a Lisa, pero ella no quiere acompañarme.
—Claro —levanta su mano y acaricia mi cabello a la distancia, le doy una sonrisa de complacencia.
—¿Qué acondicionador estás utilizando? —le miro de reojo—, tienes el cabello muy suave.
—Uno que Piero me ha traído —me mira rápidamente, pero no lo suficiente como para analizar la pequeña mentira que le he dado. Mi madre estaciona el vehículo en el parking de la institución educativa; en la puerta veo a una joven de cabellos oscuros y mirada grisácea esperando a que algún familiar se presente. Cuando sus ojos conectan con los míos, se acerca de inmediato con una sonrisa súper ancha y limpia.
—¡Al fin! —exclama con alegría. Mamá besa la coronilla de su cabeza y acaricia su mejilla con suavidad.
—Iré a buscar lugares —susurra de inmediato. Lisa frunce su ceño y notamos que en realidad se ha marchado porque nuestro padre ha llegado. El hombre baja de una Chevrolet SUV, camina con seguridad hacia nosotras y en cuanto llega sonríe.
—¿Cómo están mis princesas? —pregunta y besa la frente de cada una, saca un cigarrillo y lo coloca en sus labios. Su mirada se pierde por las puertas donde, segundos atrás, mamá ingresaba con rapidez...— su madre no quiere verme, ¿verdad? —pregunta con el cigarrillo entre los labios y haciendo una fuerza sobrenatural para encenderlo. Lisa se ríe con ironía.