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🌻Venus, una talentosa bailarina exótica, ha perfeccionado el arte de ocultar su vida nocturna tras una fachada de normalidad. Durante más de dos años, ha dominado el equilibrio entre sus estudios universitarios y su trabajo, generando ingresos...
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El silencio que usurpa cada uno de los espacios del hogar pone cada vello de mi cuerpo en punta. Wanda toma las llaves de su vehículo y sale disparada por la puerta, no escucho que la cierre, no escucho ni un solo golpe. El rugir del motor no me da buena sensación, puedo ver el exterior y notar el humo de tierra que ha dejado su partida. No puedo mover ni un solo músculo, estoy petrificada ante la idea de que estamos en problemas, yo por no esconderme bien y el policía por serlo. Aferro mis manos a mi camiseta, espero unos minutos y, al no ver su regreso, me encamino con mucho cuidado hacia el exterior. La puerta de entrada se ve como la entrada al paraíso de la libertad, pero no quiero escapar y correr, no tengo fuerzas para eso. El viento fresco del día golpea mi rostro, acaricia mi nariz con suavidad y arrugo la misma, el bosque parece demasiado desolado y ausente. No escucho más que mi respiración, mis pensamientos y la idea intranquilizadora de que Wanda podría estar en problemas. Me alejo de la puerta principal, mis pies tocan la tierra nuevamente y es inevitable no sentir un pequeño dolor. Las manos fuertes de un ser al que no escuché toman posesión de mi boca y mi cuerpo, aferra su mano a mi grito y acalla por completo mis niveles de desesperación.
—Artemisa, tranquila, soy el oficial Tyler —su voz es suave, susurra por lo bajo; tiene exactamente el mismo miedo que yo y, al sentirlo, intento tranquilizarme más.
—¡¿Por qué regresó?! —grito con tanta fuerza, retrocedo y me tropiezo con un pedazo de rama seca.
—Artemis, tranquila, no levantes la voz —su desesperación es notable y mira hacia todos lados, el corazón se me va a salir. El miedo sacó boleto para ver esta situación en primera plana y ahora disfruta cómo mis niveles de estrés, de trauma, se elevan cada vez más—. Sé que se dio cuenta, esperé a que se fuera para venir a sacarte de aquí —niego y retrocedo cuando intenta acercarse.
—¡Ella lo asesinará! —exclamo, el oficial sostiene su arma en la mano, extiende la otra y la tomo para levantarme—. No tiene ni la menor idea de quién es.
—Solo es una mujer, nos iremos antes de que regrese —me aferra a su cuerpo, el tacto me parece invasivo y, si Wanda llegase en este momento, me matará por acceder a marcharme.
—Ella me asesinará, no puedo dejarla —insisto, él frunce su ceño.
—Artemisa, ¿estás aquí por tu propia decisión? —niego—. Entonces, vamos ahora, no perdamos el tiempo —me aferra a su cuerpo más que antes y me lleva casi arrastras por el camino, cierro los ojos e intento ignorar cómo las piedras, las ramas y espinas se clavan en mis talones, cómo el dolor se hace presente. Ya no se siente como una suave molestia.
—¿Por qué regresó? —susurro en pregunta.
—No puedo dejarte aquí —aprieta mi mano, nos detenemos detrás de un árbol y me doy cuenta de que ella ha regresado, apenas logro ver la casa, pero puedo notar su furia a kilómetros—. No quería correr el riesgo de que te llevara.
—Nos va a atrapar —cierro los ojos, las lágrimas me chorrean como el día que mi madre me dijo que Santa no me traería más regalos y cuando la abuela se fue a un viaje eterno. Al infierno, porque según mamá era una bruja.