Capítulo 34.

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Una semana después del accidente.

Cris:
Habíamos quedado para ir con mi padre a desayunar, me terminaba de arreglar cuando Merida toco mi puerta.

Merida: ¿Ya estás listo?
Cris: Sí, ya casi. –Mientras acomodaba su reloj de mano.-
Merida: Te vez bien. –Se acercó y lo abrazo por detrás de manera que sus brazos se enredaran en sus hombros.- Mira, sé que estás algo incómodo con la situación pero veamos para que nos quiere, solo desayunamos, lo escuchamos y listo.
Cris: Sí,-suspira- será rápido.

Sofía estaba en su rehabilitación así que no podía acompañarnos, bajamos las escaleras y tome las llaves del auto, nos subimos y fuimos al restaurante que mi padre nos había invitado, para nuestra sorpresa al llegar era el mismo restaurante donde lo vimos con su amante, estacionamos y entramos al restaurante. Era muy elegante la mesera nos llevó a nuestra mesa y mi padre aun no llegaba, nos sentamos a esperar pasaron diez minutos y llego y para nuestra suerte venia solo.

Frank: Hola, lamento la tardanza.
Merida: No te preocupes.
Frank: Me alegro que los dos estén aquí.
Cris: Gracias por invitarnos.- Que hipócrita es primero me golpea, me hecha de casa y actua como si nada hubiera pasado, pensé.-
Frank: ¿Ya pidieron algo? –Mientras tenía el menú en las manos.-

Miramos los menús y pedimos lo que íbamos a desayunar, después de un rato el mesero tomo nuestra orden y se retiró.

Frank: ¿Y qué tal la escuela?
Merida: Bien

Cris tenía la mirada en la mesa, no expresaba absolutamente nada, mi padre me miraba y yo solo trata de parecer relajada.

Frank: Tenía muchas ganas de verlos, de hecho quería presentarles a alguien.
Merida: ¿Cómo? – Espero que no crea quien creo que es, pensé.-

Mire a un lado y vi que venía la esposa de mi padre, la mujer que le provoco el desmayo el otro día, yo no quería verla pensamos que solo seriamos nosotros tres, mi padre se levantó y la ayudo con su asiento, ella se sentó y nos daba una sonrisa muy falsa, cuando se sentó en la mesa Cris se enderezo, levanto la mirada y la veía directamente a los ojos.

Frank: Ella es Kylie, mi esposa.
Kylie: Un gusto, su padre me ha contado mucho de ustedes. –Con una sonrisa en el rostro.-

Nos trajeron nuestra comida pero la verdad ninguno de los dos tenía apetito, sentía mi estómago hecho un nudo y sentía como me ardía todo el cuerpo.

Frank: Merida, ¿Por qué no comes?, ¿A caso estas en una especie de dieta o así?

Me quede en silencio por ese comentario tan incómodo, tome el tenedor con un poco de omelet de huevo en el y justo donde iba a comerlo mi papá hablo.

Frank: Quiero proponerles algo, quiero que se venga a vivir conmigo y Kylie, iniciar de nuevo, los quiero en esta etapa nueva de mi vida.

Tomo a Kylie de la mano y nos miraron, era el momento más incómodo que pude haber vivido en mi corta vida, voltee a ver a Cris y le temblaban las manos.

Cris: ¿A esto nos invitaste a desayunar?, ¿Crees que puedes desacerté de mi madre y alejarnos de ella?
Frank: No es eso, solo será un tiempo. Quiero que reconozcan a Kylie como una madre para ust...
Merida: No. Nosotros no la consideraremos eso.
Frank: ¿Qué acabas de decir?, deberían, ella piensa en ustedes y quiere lo mejor para ustedes...
Cris: Y tu debiste pensar primero en si queríamos saber de ella.
Frank: No me hables así, todavía estoy afectado por lo que hiciste.

Mierda, fue lo primero que pensé, Cris se levantó de la silla y apoyo sus brazos en la mesa.

Cris: ¿Lo que hice? ¡¿LO QUE HICE?! ¡ERES UN HIPOCRITA!, actuar como si nada pasó, me corrite de casa en medio de una tormenta, me golpeaste y dijiste que ya no era tu hijo por el simple hecho de ser gay. Y ahora, vienes y me pide que te trate como un padre ejemplar y como si nada hubiese pasado, eres un ¡FALSO!

Amor Universitario.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora