Beso negro
Advertencia: Contenido erótico que incluye un trío e incesto explícito entre hermanos, si alguna de estas situaciones no es de tu agrado salta este capítulo.
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Greg observa a los hermanos Holmes besarse llenos de lujuria en el sillón de su sala. Mycroft balanceándose con desesperación sobre el regazo de Sherlock mientras sus lenguas se ocupan de saborear la boca del otro. Camina un poco hacia ellos, lleva las las mangas de la camisa dobladas, los primeros botones desabrochado, una enorme erección entre sus pantalones ajustados de seda y una delgada fusta negra de cuero colgando en su mano derecha. La vista era tan erótica, tan prohibida, lleva del éxtasis que ambas partes traen consigo.
Las sensaciones que flotan en el aire son pesadas, el cuerpo de Greg está cansado y confuso pero más que nada excitado, quiere esto, quiere ver y tocar, meter las manos en donde pueda y hacer que su lengua sienta el sabor de la piel de dos hermanos muy sexis.
Mycroft sintió la vergüenza y la humillación tomar su mente, ser observador mientras la desesperación de obtener placer de parte de la persona que toda la vida llamó hermano era pecaminoso y avivaba las llamas de su deseo. Su cuerpo aún medio vestido se volvió rojo, al menos las partes que podían verse, el calor que su rostro recibió por toda la situación le hicieron querer esconderse en los brazo de Greg, pero sabía que no se le permitiría. Siguió el beso y con ello sus caderas dando círculo sobre el pene de Sherlock el cual comenzaba a sentir golpeando su trasero.
El beso se detuvo con un jadeo entrecortado y las respiraciones agotadas. Los ojos vidriosos de los Holmes reflejaron la luz del lugar como una pintura hiperrealista. Greg tomó a Mycroft del brazo y lo hizo levantarse, lo besó en la boca y en el cuello pasando sus manos por sus caderas, apretando fuerte y doloroso. Con la punta de cuero de la fusta levantó su mentón y lo miró por debajo de esas densas pestañas.
—Quitate todo cariño —Su voz sonaba ronca y más gruesa de lo normal
—Si señor
Con los brazos temblorosos por la estimulación el pelirrojo logró desabrochar la bragueta de su pantalón y lo dejó caer al suelo, este se deslizó con una facilidad impresionante, seguido de su ropa interior y en menos de 10 segundos estaba completamente expuesto para los dos hombres de su vida que en tal situación podían hacer con él lo que se les viniera en gana. Y eso deseo en sus adentros. El rojo se extendió por sus hombros y pecho, era como un maquillaje hermoso que hacía resaltar sus pecas.
El corazón de Sherlock casi sale de su pecho al ver a Mycroft desnudo por completo, esa hermosa piel blanca, esas curvas, cada parte de su querido hermano mayor era arte, arte que no debía se apreciado por idiotas, solo él, solo Sherlock. El pensamiento posesivo se volvió impulsivo y sus movimientos dirigieron su atención hasta las partes íntimas de Mycroft, su mano acarició un poco, luego lo soltó y observó a Greg buscando en la caja de uno de los muebles alguna mierda útil, fue entonces que se dio cuenta, un enorme consolador rojo, grueso y largo. El menor de los Holmes soltó un pequeño jadeo al verlo.
—Sherlock porfavor ayúdalo a acomodarse boca abajo
Sherlock solo asintió empujando a su hermano a recostarse, poniendo su estómago sobre sus piernas y presionando su espalda para evitar que se moviera. Greg empezó roceando lubricante y esparciendo lo con sus dedos, este se regó un poco y mancho suciamente los pantalones del pelinegro, luego el juguete entro poco a poco. Mycroft intentó gemir un par de veces pero fue callado por Sherlock quién puso una mano sobre sus labios para evitar el ruido, así que solo pudo soltar jadeos ahogados y soltar algo de saliva por la comisura de su boca.
