Ursa
Corría por el bosque, el viento fresco de la mañana me daba en la cara. La tierra seguía húmeda, pero no tenía tanta prisa por nada. Era una competencia.
El senderito de tierra subía por el bosque montañoso. Teníamos buen balance, así que no nos preocupábamos por la creciente altura del vacío al costado, además había suficientes árboles por si algo pasaba.
—Los olfateo cerca —avisé.
—Vamos a atrapar al macho, es el más grande —dijo uno de los hermanos de ojos de diferente color. Verde y celeste.
Rigel y Deneb, hermanos "repetidos", como les decíamos. Se suponía que las estrellas te daban un solo hijo, pero había casos en los que te favorecían con dos o más al mismo tiempo, aunque lo más común fueran dos. Eso era bueno, pues había mucho en lo que trabajar, como ahora que debíamos cazar.
—¡Ursa! —Deneb me alertó, pero apenas pude reaccionar a la embestida del gran felino.
Rodamos y arrojé el puma a un lado luego de un buen zarpazo. Se puso de pie y bufó, a lo que le respondí con un feroz siseo.
Las evolucionadas, sobre todo las cazadoras, éramos unas fieras. Una sola era la pesadilla de cualquier animal del bosque. El animal no era muy grande, así que fue inteligente y se retiró.
—¡De prisa! —ordené continuar, y seguimos corriendo, aunque la herida que me hizo el puma por el brazo ardía bastante.
Cuando era pequeña, pronto fui consciente de mi realidad, de que era una evolucionada, hija de cazadores del pueblo, por lo que yo también iba a serlo. De nosotros dependía que todos comieran.
Aunque casi todos aprendían a cazar, los ancianos ya no lo hacían, y quitaba mucho tiempo del día que podía ser usado en otras tareas. Por eso nosotros éramos muy importantes.
Nuestra pequeña ciudad estaba entre las montañas, y más allá estaban los "otros humanos". Criaturas ruines y problemáticas, peligrosos y testarudos.
Siempre nuestros líderes ancianos nos advertían de ellos y nos decían lo malvados que eran. Nuestros guerreros se preparaban para protegernos de ellos y de otras amenazas, y otros, como yo, teníamos que dar lo mejor en cada una de nuestras funciones para nuestra gente.
Así que tenía que ser una excelente cazadora para llenar a mi familia de honor y reconocimiento.
Olfateamos a los venados cada vez más cerca, así que bajamos la velocidad, no queríamos espantarlos con nuestras pisadas. El viento en contra nos ayudaba con el aroma.
—¿Necesitan ayuda? —preguntó una voz familiar.
Nos paramos en seco y los hermanos sonrieron mirando hacia una de las ramas de un árbol.
—Sirio —dijeron emocionados.
El chico de felinos ojos verdes nos miraba manteniendo su sonrisa de suficiencia. Crucé los brazos y bufé.
—Estamos bien. Tú ya no eres un cazador. —Me volví a los hermanos—. ¡Vamos, nos pueden ganar!
Continuamos corriendo, pero Sirio se nos unió de todas formas. Mi estómago molestaba y eso me ponía muy intranquila. Siempre pasó desde aquel día... Cuando era una niña débil.
Empezó cuando aprendía a armar trampas para animales pequeños, tenía que tensar una cuerda, pero era muy dura y yo muy pequeña.
La cuerda se rompió y caí. Pronto un intenso dolor se hizo presente en mi rostro y comencé a llorar.
—¿Qué pasó? —vino mamá a revisar, casi con indiferencia.
Yo sentía cómo la cuerda había dejado toda una marca roja en mi mejilla, empezaba a quemar y doler.
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Ojos de gato Ursa
Science-FictionElla no es humana y él, que debe detestar a su especie, no puede dejar de pensar en ella. Max es un joven militar y su misión es defender a la ciudad de aquellos peligrosos Humanos Evolucionados. Sin embargo, luego de conocer a Ursa, una chica evol...
