Capítulo 21: Escape temporal

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Ursa

—Es un guerrero —había insistido mamá. ¿No es lo que querías?

—¡No! No quiero unirme a nadie. Ya lo he dicho.

—Creímos que estarías feliz —intervino mi padre, preocupado—. Ya hemos aceptado de todas formas.


Mantenía mis brazos cruzados. Respiraba con algo de dificultad, pero había empezado a sentirme mejor mientras más nos alejábamos. Agradecía que Max no me preguntara qué pasaba. Ni siquiera sabía cómo reaccionaría.

Sabía que no era posible estar con él, pero, por primera vez, había hecho algo que yo quería, sin pensar en las reglas.

Y, oh, se sentía demasiado bien...

Solté aire en un suspiro y dejé caer mis brazos.

—¿Te sientes mejor? —quiso saber él.

—Sí. Gracias —comenté con la mirada un tanto baja todavía.

Tomó mi mano y la llevó a sus labios, dándole varios besos en el dorso mientras seguía conduciendo, haciéndome sonreír. Mi estómago era atacado de nuevo por bichos y mi pecho se tibiaba. Luego la devolvió a mi lado, sobre mi muslo, pero su mano se quedó entrelazada con la mía.

—Quiero quedarme contigo esta noche.

Su sorpresa fue mayúscula, quizá no creía lo que había escuchado. Me miró, estudiándome, y entreabrió los labios, volviendo a ver al frente.

—Eh, claro. —Le dio un vistazo a la pequeña bolsa de tela que llevaba conmigo. Eran solo un par de ropas—. ¿Cenaste?

—No.

Su sonrisa se amplió.

—Entonces te puedo hacer incursionar en el mundo de la hamburguesa con queso y papas fritas. —Movió las cejas con diversión y di una corta risa silenciosa—. Aunque —enfatizó levantando el dedo índice—. No quiero mal nutrirte, mi gatita, así que podemos ir por la que es de pavo. Menos grasosa.

—Oh, está bien. Tú mismo dijiste que una vez al año, no hace daño.

Rio entre dientes.

—Es un dicho. No es tan literal.


Luego de probar la dichosa hamburguesa, la cual pidió por una ventana, sin bajar de la camioneta, fuimos a un "supermercado", como lo llamaban los humanos. Él se disculpó por eso, pero a mí no me molestaba, al contrario, conocía más sobre ellos, sobre él.


Iba muy entretenida viendo cada cosa novedosa que había. Nos detuvimos frente a unas cajas con "cereales". Lo observé a él poniéndose pensativo, tratando de elegir cuál llevar.

Lo vi de arriba abajo, sin parpadear. Me fijaba en cada uno de sus detalles.

Quise llevar el carrito donde poner las cosas porque se me hizo divertido.

—¿Cereales con fresas? —preguntó mostrando la caja.

Asentí con mi leve sonrisa.

—¿Tiene la fruta adentro?

—Sí. Está cortada en rodajas y deshidratada.

Estaba maravillada. Tenían frutas también en su estado natural, jugos, leches de todo tipo, cosas para preparar, menestras, legumbres en congeladores especiales que las mantenían frescas e hidratadas.

Él puso algunos almuerzos "listos para calentar".

Me acerqué a un puestito en donde había un producto para probar. Eran unas frituras con una salsa nueva en el mercado. Así fue como empecé a ir a cada uno de esos para probar.

Ojos de gato UrsaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora