Capítulo 14: Un chico tonto

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Max, unos años atrás...

Salimos corriendo, haciendo el alboroto de nuestras vidas. Último día del año y de escuela, por fin y para siempre. Subí a mi motocicleta adorada y arranqué junto con mis amigos.

Levanté la llanta delantera mientras gritaba. Desde la autopista podía ver las murallas de la ciudad en las lejanías. Nos manteníamos a salvo de ellos, los evolucionados, gracias a eso. Un amigo me adelantó haciendo señales de victoria con el puño levantado.

No más escuela, no más tareas. Toda mi vida soñé con eso y nada más. Sí, tal vez era digno de un fracasado, y era que en realidad no tenía ningún talento, nunca resalté en clases, solo servía para educación física. El futuro que me esperaba era el de tomar trabajuchos mal pagados en tiendas y demás, pero a esa edad ni siquiera había pensado en eso ni en lo que haría a largo plazo.

No quería ir ni a la graduación. No quería ir a ver a esa gente un segundo más y que me sobaran en la cara su éxito de haber sido ya aceptados en alguna universidad. Total, si es que la terminaban y encontraban trabajo, iban a estar en oficinas hasta morir.


—Ya vuelvo, mamá —dije mientras salía de mi habitación, luego de haber ido para sacar algo de dinero.

—Cariño —me detuvo ella y volteé con algo de impaciencia—. Invité a tus tíos para celebrar que terminaste la escuela.

Me horroricé.

—Iuk ¿Por qué? No, no, no voy a estar.

—Pero quieren saludarte...

—Max, apresúrate —llamó un amigo.

—Sí, sí —le dije a mamá—, como sea. Celebra tú si quieres con los viejos, yo voy a divertirme con los vivos.

—Trata de no llegar tarde. Tu hermano...

—Adiós —dije con prisa yendo a la puerta que estaba abierta.


Así que, como todo chico tonto, solo fui a celebrar con los amigos, a seguir perdiendo el tiempo, tomar, fumar, aunque solo tuviera dieciocho y por ley era prohibido, y ver un partido en la televisión.

Una amiga se sentó en mi regazo y me asomé para seguir viendo la pantalla, ignorándola.

—Te ayudé a pasar el último examen, creo que me debes algo —reclamó ella.

Sentí el vibrar de mi teléfono y lo saqué tras chasquear los dientes con molestia. Era mi hermano, así que solo le corté.

Él era el favorito de mamá, le iban a pagar la universidad porque había logrado conseguir becas que le reducían el precio, siempre tan perfecto él. Era parecido a mí, con el cabello castaño y los ojos marrones, pero dos años menor. De seguro quería darme algún sermón o insistir en que fuera a saludar a los tíos.

—Deja que termine el partido y luego te hago gozar un poco, ¿va? —le dije a la chica, dándole un par de palmadas en el muslo.

Ella frunció el ceño y se puso de pie.

—Como quieras.

Mi amigo soltó un silbido al ver eso mientras otro abucheaba a la chica, quien le dio un manotazo en la nuca y siguió de largo a agarrar otra bebida.

—Te das el lujo de hacerte el difícil. Te odio, hijo de perra.

—Cállate, no te pongas celoso —me burlé de él.

—¿Qué? Si tú eres mío.

Reí. Era mi mejor amigo, o al menos eso creía, al menos eso se sobre entendía.

Ojos de gato UrsaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora