Ursa
Nos sentamos y un joven nos dio un par de libros alargados con una cubierta de cuero falso. Los menús.
—Me alegra que aceptaras —comenté bajando el menú y dejándolo en la mesa.
Max hizo una mueca.
—La verdad, no siento que lo merezca, pero no podía decir que no. No soy un pen... —Apretó los labios.
—¿Un pendejo?
Me miró espantado y rompí a reír.
—¡Ursa! —fingió ofensa—. ¿Qué lenguaje es ese?
Seguí riendo.
—Sé algunas palabras porque te he escuchado a lo lejos.
Resopló y se pasó la mano por la cara.
—Vaya que soy mala influencia.
—Sí lo mereces —quise aclarar—. Has trabajado duro toda tu vida, prácticamente. Lo mereces.
Suspiró y sonrió a labios cerrados.
—Bueno. Ya veremos cómo va eso. —Encogió los hombros—. Al menos es un alivio por ahora, que ya tengo trabajo de nuevo.
—Yo estaba dispuesta a darte...
—No. —Negó con su leve sonrisa—. Eso es tuyo.
—Pero las cosas que has comprado para el departamento y la comida son...
—Son de ambos, sí, pero quiero que cuides ese dinero. —Pensó un par de segundos—. Si un día me pasa algo, eso te puede ayudar mucho. En verdad. Sobre todo, si quieres quedarte en el mundo humano. No solo eso. —Sonrió de lado—. Si un día te hartas de mí, también puedes irte y ayudarte con eso.
—¡No! —reclamé y él rió entre dientes.
—Mi papá no dejaba que mi madre trabajara o hiciera lo que a ella le gustaba. Si ella se quería comprar algo o darse un capricho, tenía que preguntarle a él. Le gustaba mantenerla controlada haciendo que dependiera solo de él. Yo no pienso hacer eso. Eres libre, Ursa.
—Pues no voy a dejarte. Y no digas que te puede pasar algo.
Rodó los ojos.
—Okey. Soy inmortal. ¿Feliz?
Sonreí pensando en los "caprichos" o cosas que quisiera comprar. Mis dedos juguetearon con el dije de la constelación Ursa de mi collar. Siempre lo llevaba puesto desde que él me lo había dado.
—Puedo comprarte algo sin que sepas, así sorprenderte.
Arrugó la cara.
—No me gustan las sorpresas, así que mejor no.
Fruncí el ceño y crucé los brazos.
—¡Lo haré con más razón entonces!
Rio entre dientes.
—Ve qué te provoca comer, gatita.
***
Los juicios, tal y como se pronosticó, terminaron rápido. Las pruebas no daban lugar a dudas. Y, aunque la defensa dijo que la evidencia no había sido conseguida de forma legal, al juez poco le pudo importar. Decretó que, en esos casos, eso era "irrelevante" o algo así.
Pude ver la expresión que puso el padre de Max al escuchar que su hijo iba a tomar su puesto. No me sentí bien, de todas formas, yo seguía pensando que era mejor que ambos hablaran un día y arreglaran sus diferencias, pero al parecer eso ya no iba a ser posible, y ambos eran tercos como dos mulas.
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Ojos de gato Ursa
Science FictionElla no es humana y él, que debe detestar a su especie, no puede dejar de pensar en ella. Max es un joven militar y su misión es defender a la ciudad de aquellos peligrosos Humanos Evolucionados. Sin embargo, luego de conocer a Ursa, una chica evol...
