Ursa
Como había llovido, el agua era abundante e iba a toda velocidad, arrastrándonos.
—¡Max! —traté de que despertara, pero estaba inconsciente.
Al caer, el muy tonto se quedó debajo de mí y chocó primero con el agua. La corriente nos separó, pero logré tomar su mano y aferrarme a él.
Me quejé por la velocidad con la que el agua nos llevaba. A ese paso, no sabía en dónde podíamos terminar. Traté y luché por mantenernos a flote todo lo que pude. Estaba empezando a agotarme, y me preocupaban los gemelos.
No logré olfatearlos en Columbus, tampoco olía a sangre, quizá no les había hecho daño todavía, pero lo haría, y yo no estaba para ayudarlos.
Finalmente, el agua iba bajando su velocidad, ya estábamos muy lejos de mi pueblo. Estar tan lejos empezaba a asustarme. Los humanos nos comparaban con animales salvajes en parte porque al sentirnos lejos de nuestro habitad, de nuestro hogar, nos estresábamos mucho e incluso nos asustábamos, tornándonos agresivos.
Miré alrededor, a las orillas, incapaz de reconocer nada. Estábamos lejos en verdad. Jadeé e hice el último esfuerzo de llevarnos a la orilla.
Gruñí arrastrando a Max y lo dejé sobre la tierra. Respiraba agotada. Me acerqué a su rostro, con leve preocupación. No sabía cómo estaba. Me había protegido a pesar de que seguramente sabía que, si Columbus llegaba a asestarle un golpe, lo mataría.
Se quejó y abrió los ojos. Me alejé.
—Aich. Sí estás vivo —renegué.
El volvió a quejarse, pero terminó riendo muy apenas, para volver a quejarse. Intentó moverse, pero ahogó un quejido más fuerte.
—Agh, perfecto.
Me acerqué, muy frustrada, ya que me preocupaba y eso me hacía sentir impotente.
—¿No te puedes mover? —quise saber, neutralizando mi tono.
—Creo que sí, aunque debo tener alguna fisura o algo. —Dio un hondo respiro y cerró los ojos—. O quizá es solo el golpe. No estábamos tan alto, por suerte.
—Y hay mucha agua porque ha llovido más arriba en la montaña.
—Ah... Yey...
Miré a mi alrededor y crucé los brazos.
—Gracias.
Él levantó la cabeza, mirándome con extrañeza.
—¿Qué?
—Si no te hubieras metido en el camino, estaría por aquí yo sola. Puedo oler humanos, han estado cerca.
Sonrió y se volvió a recostar, cerrando los ojos.
—Bah, no es nada, muñeca, tranquila. Gracias más bien por no dejar que me ahogara. Temo que he sido una carga.
—Sí, también.
Su sonrisa se amplió.
—Okey. —Se reincorporó, haciendo una leve mueca de dolor, y se puso de pie.
—Debemos regresar. Los gemelos están en peligro.
—¿Dices que no los ha atacado ya? Creí que...
—No pude olerlos en él, tampoco olí sangre.
Dio un respiro de alivio y asintió.
—Tranquila. También me preocupan, pero tengo otra forma de saber si están bien.
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Ojos de gato Ursa
خيال علميّElla no es humana y él, que debe detestar a su especie, no puede dejar de pensar en ella. Max es un joven militar y su misión es defender a la ciudad de aquellos peligrosos Humanos Evolucionados. Sin embargo, luego de conocer a Ursa, una chica evol...
