Capítulo 24: Impotencia

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Ursa

Le dije algo muy hiriente, pero no iba a retractarme. Me sentía rota. Había querido que dijera que no, pero cuando dijo que sí, mi estómago se retorció y mi corazón se hundió.

No entendía por qué los humanos eran así. ¿Por qué tuve que sentir algo tan fuerte por uno de ellos? Debí haber sabido que eso pasaría.

Él, con otras mujeres. ¡Yo lo quería todo para mí sola!

Me abracé a mí misma. Andaba con un nudo en la garganta. Jadeé y ahogué un sollozo. Mis ojos ardían y no podía tragar saliva. No quería que nadie me viera, quería ir y esconderme en un hueco en la tierra y nunca más salir.

Quería ir a arañarle la cara a cuanta mujer hubiera tocado a mi chico.

Gruñí y volví a ahogar otro sollozo. El pecho me dolía demasiado.

—¿Ursa?

Me detuve. Respiraba con dificultad, pero trataba de controlarlo como me habían enseñado. Estaba haciendo mucho ruido al respirar, ya hubiera ahuyentado a todos los animales si hubiera estado cazando.

Volteé y vi a Sirio. Estaba afuera de su casa.

—Te ves terrible...

Era la última persona a la que quería ver, sin embargo, me había venido por aquí de forma inconsciente, como si otra parte de mí lo hubiera estado buscando.

Di un paso hacia él y terminé acortando la distancia, acercándome. Quedé frente a él, temblando porque no podía contener ese llanto que me estaba por sobrepasar, como nunca lo había sentido. Era horrible.

Pegué mi frente a su pecho y rompí a llorar finalmente. Me sacudí en llanto, desmoronándome contra él. Me sentí rota, desolada. Me aferré a su torso y pude ver a Marien salir despacio por la puerta, observando la situación.

Bajé la vista y oculté el rostro en el pecho de él. Sirio quizá no sabía qué hacer, pero sentí sus manos por mis hombros, y luego su vago intento de calmarme, pasando su mano por mi cabeza.


***

Marien me dio un té caliente. Lo recibí y agradecí con un hilo de voz. Ella suspiró y quedó mirándome con lastima.

Bajé la vista con enfado.

—No me mires así. Estoy bien.

—Tranquila. Me preocupas, eso es todo.

—¿Por qué lo haría? No he sido amable contigo.

Cuando la conocí, solo le dije, enfadada, que ella no era buena para Sirio, que lo arrastraría al mal camino de los humanos, que seguramente había hecho cosas sucias para acercarse a él, para llamar su atención, a diferencia de una chica evolucionada "decente" que no debía hacer evidente ningún sentimiento hacia un chico.

Ella se había visto afectada por mis palabras, para satisfacción mía. Les tenía tanto rencor a los humanos, que había sido así de pesada y competitiva. Mi orgullo no me dejaba aceptar que Sirio la hubiera preferido sobre mí.

Sin embargo, recibí el castigo merecido por parte de las estrellas, al parecer, al caer por un humano y terminar rota.

Ahora sí estaba sola en serio. Y Marien sí seguía con Sirio. Como había dicho Max, lo amaba en serio.

Pero no todos los humanos lo hacían...

—Entiendo por qué no fuiste amable y por qué nos tienes rencor —explicó ella—. Sí me dolieron tus palabras, pero, como dije, entiendo, y sé que no eres así de mala. —Suspiró—. Puedes decirme qué te pasa. Ya sabes, los humanos sabemos cosas.

Ojos de gato UrsaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora