Max
Rojo, azul, amarillo, rojo, azul... Las luces de los anuncios de los edificios cercanos a mi horrorosa habitación, y las del mismo.
Respiraba hondo mirando el techo. Resoplé entre los dientes frunciendo el ceño, volando en placer. Jadeé y la vi venir a gatas para llegar a mi boca. Era la ninfa del bosque. Sus enormes ojos felinos reflejaban las luces.
Sonreí, pero al instante me di cuenta de que estaba solo.
Rojo, azul, verde... El ruido de los autos, el movimiento de la ciudad. Volví a mirar al techo luego de que el aparato de mi costado me dijera que mi cerebro estaba muy activo. De seguro eran efectos de la anestesia. Maldición. Con razón alucinaba estupideces.
Respiré hondo, cerrando los ojos y tratando de relajarme, de sacarme el malestar.
—¡Max!
Reaccioné de golpe al reconocer la voz de mamá. Como pude me saqué la manta de encima y salí de la cama. Por alguna razón ya no reconocía el lugar en el que estaba, solo sabía que era mi casa.
Vi a mi mamá al final del salón y una figura negra detrás de ella. Unos ojos rojos brillaron y quise correr para ayudarla...
Volví a reaccionar y quedé mirando el techo blanco con ojos muy abiertos. Ya era de día y la música sonaba, subiendo su volumen paulatinamente.
Mamá... Detestaba tener sueños en los que, nuevamente, no podía salvarla de aquel evolucionado que la atacó. Lo odiaba.
Toqué mi teléfono para detener la estúpida alarma y me senté. De joven siempre posponía las alarmas, pero luego de entrar a Seguridad Ciudadana, durante el entrenamiento, nos hacían brincar de la cama a la primera alerta.
Planchas, abdominales, saltar la cuerda y demás, todo de prisa para darme energía y mantenerme en forma a la vez.
Me quejé apenas por el dolor en el brazo y me lo toqué. Estaba vendando y su curación había sido en tiempo récord, pero todavía debía dejarlo descansar.
Me saqué las vendas y vi la muy leve marca que había quedado.
Me había mordido un evolucionado. El dolor había sido atroz. Aunque, sorpresivamente, pude seguir peleando. La adrenalina, supongo.
Ah, sí, porque había distintos tipos de ellos. Los controlados por el gobierno, cosa que no sabía hasta hacía poco. Los civilizados, con los cuales yo trabajaba en secreto para que la sede no se los llevara. Los desterrados que andaban por el bosque y solían volverse controlados, y los que no tenían contacto con nosotros, manteniéndose a salvo en sus pueblos.
Había ido a ver a un amigo de la sociedad de protectores de evolucionados, porque yo tenía la buena o mala costumbre de hacer amigos en donde fuera, y porque en este mundo uno no llegaba a ningún lado sin contactos, sin hacer el "networking" de mierda y esas cosas.
Gracias al olfato de Sirio, el evolucionado al que había reclutado en secreto, nos habíamos escabullido en un edificio de seguridad nacional, en una zona privada, y logré grabar cómo, para pesar, los adolescentes de aquella vez habían tenido razón.
Estaban usando evolucionados en entrenamientos despiadados. Eso era algo nuevo, pero no solo fue eso. Al querer mostrarle la grabación a mi amigo, terminamos siendo encontrados por alguien del gobierno que mandó a tres evolucionados controlados a atacarnos. Felizmente Sirio pudo darles más pelea que yo, al ser su igual.
—Lo sentimos, nos tenían controlados —había dicho el evolucionado que hacía solo un rato gruñía y atacaba como una bestia salvaje bota espuma—. Soy Ácrux, ellos son Alpha y Centauri —señaló a sus compañeros. Sí, los evolucionados tenían nombres raros—, supongo que... gracias por no matarnos.
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Ojos de gato Ursa
Science FictionElla no es humana y él, que debe detestar a su especie, no puede dejar de pensar en ella. Max es un joven militar y su misión es defender a la ciudad de aquellos peligrosos Humanos Evolucionados. Sin embargo, luego de conocer a Ursa, una chica evol...
