Max
Cerré los ojos y apreté el entrecejo con los dedos. Estaba agotado. Había conducido las diez horas, estresado, preocupado por Ursa, y ahora conduje casi cuarenta minutos hasta la capital. Tenía el GPS de Patricia apagado, no quería que la rastrearan en todo caso. Por lo tanto, yo la había dirigido durante todo el camino.
Me detuve en un hotel que había reservado, ya en la capital, luego de entrar. Era pitero, pero era lo único que hubo disponible.
Ursa seguía con los brazos cruzados. Le abrí la puerta de la camioneta y ella me miró de reojo.
—¿Vas a hacer que te cargue también? Vamos a parecer una pareja de recién casados —jugué—. Incluyendo tu carita de enojada.
Ella bajó y reí entre dientes. Me retiró la vista y avanzó altiva como una gata.
Al entrar a la habitación, cerré bien, poniendo el seguro. Quizá estaba paranoico, pero era mejor prevenir que lamentar. Jorge estaba bien, ya le había avisado. No iban a buscarlo en un lugar lleno de gente como era la universidad y las habitaciones de todas formas.
Me saqué la camisa y escondí el revólver debajo de la almohada. Sonreí de lado al darme cuenta de que Ursa me miraba.
—Me vas a disculpar si me duermo —murmuré—, pero Patricia no ha estado en conducción automática.
Apagué la luz de la única lámpara que iluminaba la pequeña habitación y me tumbé en la cama luego de mover las mantas. Me acomodé de costado y cerré los ojos.
La escuché mover algunas cosas. Ver en las bolsas con sus ropas, probablemente. Luego de no mucho, se recostó a mi lado en silencio y dio un respiro hondo.
Sí me dolía que ella estuviera molesta. La entendía también, pero no podía hacer nada con eso. Me sentía mejor al saberla a salvo.
Sin embargo, cuando sentí las puntas de sus dedos deslizarse despacio por mi espalda, sonreí.
—¿Quién te golpeó? —preguntó en voz baja.
Giré para mirarla. Sus ojos reflejaban apenas la luz que entraba por una ventana alta. Acaricié su rostro.
—Los que te buscan, pero estoy bien.
Ella podía ver bien mi cara, eso era seguro. Se acercó y terminó acurrucándose contra mí, así que la rodeé y besé su frente.
***
—Te debo una —agradecí a mi hermano y le di un abrazo—. Bueno, te debo toda mi vida, pero qué importa.
Él rió y se apartó. Volteamos a ver a Ursa, que inspeccionaba la habitación como una gata curiosa. Estábamos en el edificio de habitaciones de la universidad.
—¿Qué vas a hacer ahora?
—Buscar un departamento, supongo. —Volví a ver a mi chica, quien se sentó en la cama, junto a la ventana, y apoyó la frente en el vidrio, mirando hacia abajo a la calle. Apreté los puños. Me sentía horrible por haberla sacado así de su casa, pero debía ser más rápido que ellos—. Voy a hacer que paren de una vez. Lo juro.
—Vi que el cuartel cerró.
—Sí. Mis hombres ahora están siendo dispersos por todo el país.
—Por cierto —se acercó, luego de darle un vistazo a Ursa y ver que estaba distraída—. Ella estuvo en un evento.
—Sí lo supe.
—Bueno. Vi las fotos del evento y...
Me enseñó su teléfono y mi respiración se alteró al ver a mi padre frente a Ursa en su puesto. Hablándole, ofreciéndole su mano.
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Ojos de gato Ursa
Ciencia FicciónElla no es humana y él, que debe detestar a su especie, no puede dejar de pensar en ella. Max es un joven militar y su misión es defender a la ciudad de aquellos peligrosos Humanos Evolucionados. Sin embargo, luego de conocer a Ursa, una chica evol...
