Epílogo
Max
—Huy —dije conteniendo la emoción, tomando una cajita—. Este es pastel tres leches de "piña colada".
Le moví las cejas con diversión a Ursa y ella sonrió. Tomó la caja y la abrió. La olfateó y tomó un poco con su cucharita. Ambos teníamos una.
Habíamos ido a una pastelería y agarrado cajitas con cada pastel que nos provocó. La gente seguía mirándola con asombro, pero poco a poco se habían ido acostumbrando a los evolucionados.
—Este es de mango —me tentó con la cajita en la palma de su mano.
—Trae eso. —Le metí cuchara y me la llevé a la boca.
Gemí del gusto y me recosté contra el asiento mientras ella reía entre dientes.
—No hay que guardarle más de uno a Alioth o no va a dormir.
Estaba en casa de Marien, jugando con Leo. Nosotros estábamos en el borde de la autopista que pasaba por una montaña, viendo la ciudad extenderse bajo nuestra mirada, llena de luces y vida.
Mi Ursa estaba en el asiento semi recostado, con sus piernas sobre el tablero de la camioneta. Me encantaba verla tan cómoda, que tuviera la confianza de hacer todo lo mío suyo. No me molestaba en absoluto.
Llevaba unos shorts de jean y una camiseta rojo oscuro. Me estaba dando una hermosa vista de sus piernas.
—Le podemos dejar un poco del de chocolate, que le gusta tanto.
Ya queríamos regresar para recogerlo. Lo adorábamos. Iba a pasar un tiempo en la escuela de evolucionados, pero no sabía cuánto, ya que era de conocimiento de todos que los evolucionados no tenían los mismos métodos de enseñanza. Eran un poco más... salvajes en ese aspecto.
Nosotros celebrábamos uno de nuestros aniversarios. No eran necesarias las formalidades o hacer planes grandes. Decidíamos qué queríamos hacer y lo hacíamos, así de simple. Claro que a veces sí quise sorprenderla con algo genial, cosas que requerían ser planeadas con tiempo, como ese viaje a Nuevo Japón. Y ella me había sorprendido también en un par de ocasiones.
Gracias a que la policía sí ayudó a conseguir otros testigos, encerraron a la general corrupta. Yo no había sido el único del que se aprovechó. Irónicamente, lo bueno de esa clase de gente era su constancia, así dejaban un regadero de víctimas, y no todas iban a quedarse calladas.
También denuncié a mi tío. Al final ya no me importó "dañar" a la familia y, aunque no recibió mucho castigo por eso, por mostrarle contenido inapropiado a un menor, porque el sistema de justicia a veces era un asco, sí recibió castigo por estar involucrado en el maltrato de evolucionados.
No me importó mucho que no lo castigaran por lo que me hizo ver. Al menos, con mi denuncia, le dejé en claro que sabía la clase de persona que era, que no me había hecho ningún favor, y que no iba a acercarse a mi hijo ni formar parte de su vida.
No iba a dejar que la perversidad humana tocara a mi Alioth, y a mi Ursa. Ellos eran mi vida, iba a protegerlos. No iba a poder evitar muchas cosas, pero iba a prepararlos para ello, sobre todo a mi pequeño, para que no cayera.
Encontré al evolucionado que fue enviado a acabar con mi madre. En el último cuartel por revisar. Lo tenían en una camilla, revisando su densidad ósea.
Cuando me vio, me reconoció.
Aunque a mí me falló la respiración, ya que en mi mente estaba su imagen relacionada a la falta de mi madre, descubrí que ya no le tenía odio.
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Ojos de gato Ursa
Ciencia FicciónElla no es humana y él, que debe detestar a su especie, no puede dejar de pensar en ella. Max es un joven militar y su misión es defender a la ciudad de aquellos peligrosos Humanos Evolucionados. Sin embargo, luego de conocer a Ursa, una chica evol...
