Minho contempló cómo se tumbaba sobre la cama y se abría de piernas, ofreciéndose a él, completamente vulnerable. Conocía a las mujeres y más que nada a los hombres, sabía que, para Jisung, ofrecerse así era dar un gran paso. A Han le fascinaba; era una mezcla de osadía y timidez, de confianza e inseguridad. Le costaba creer que un hombre capaz de hacerle una mamada en el lavabo de un restaurante horas antes se mostrara tan tímido ahora que él iba a lavarle el sexo. Pero así era. «Despacito, Lee. No lo asustes», se dijo. Jisung despertaba en él una especie de instinto protector: quería hacerle feliz.
Con actitud profesional, cogió una de las toallitas húmedas y la puso entre las piernas de Jisung. Al primer contacto, el rubio se sobresaltó, pero luego se quedó quieto.
- Vaya, eres rubio natural - bromeó, intentando que Han se relajara.
- ¿Creías que me teñía? - preguntó.
- Bonito, he tenido tantas sorpresas que ya no me creo nada - dijo él sonriendo.
La entrada de Jisung se encontraba ligeramente hinchada y rojiza por el polvo que habían echado en el callejón... o quizá estaba empezando a excitarse de nuevo. Con suma delicadeza, Minho comenzó a limpiar, primero, el miembro ligeramente despierto.
- Mmmmm... - ronroneó Han.
Minho cambió la toallita enjabonada por otra que había empapado en agua tibia. Esta vez, cuando la toalla toco su piel, Jisung estaba totalmente relajado; incluso separó más las piernas para que él trabajara mejor. Minho le miró y vio que tenía los ojos cerrados y que su cara irradiaba felicidad, ninguno de los dos dijo nada mientras él continuaba con el aseo.
Había preparado media docena de toallitas, se tomó su tiempo con cada una. Notó que la tensión había desaparecido del cuerpo de Jisung y que se entregaba al placer del momento.
Ésa fue la señal para apartar la última toallita. «¿Le digo algo o sólo lo toco? Parece tan relajado...» Lee optó por acariciarle el vello púbico con los dedos. Han no se movió. Durante unos minutos, él le acarició aquello ricitos rubios y suaves; y cuando, al fin, deslizó el dedo hacia su entrada, Jisung le contestó con un suspiro. Tomándolo como una invitación a continuar, Minho apartó el dedo y puso la cabeza entre las piernas de Jisung. Acercó la cara a su entrada, separo un poco esta, la recorrió con la lengua hasta dejarla ir. El joven tembló. Él se quedo quieto.
- No pares - gimió el periodista.
Con la certeza de que los temblores eran algo positivo, Minho volvió a lamerla. Esta vez se centró entre la entrada y el inicio de sus testículos, lamiéndolo en pequeños círculos. Notó qué tanto él como Han, se ponía duros y erectos. Como un pene en miniatura y presionando con la boca un poco más, chupó para luego introducir la lengua en aquel lugar, Jisung empujó las caderas hacia arriba, pegándose a su cara. Minho se apartó un momento.
- ¿Te gusta, verdad? - preguntó.
El rubio abrió los ojos y le miró fijamente. A él le sorprendió ver lo brillante que eran sus ojos en ese instante.
- Más - le oyó susurrar.
Con una sonrisa, Minho volvió a hundir su cara en Jisung. Usando la lengua en lugar de los dedos para explorar, se aventuró a llevarla hasta el pene del chico, lamio desde el inicio de sus testículos, por la línea qué los separaba hasta el tronco de este, fue subiendo lentamente hasta llegar a la punta, a manera de hacer sufrir un poco a Han, Minho comenzó a repartir besos, succionando y mordiendo de manera juguetona la cabecita de este. Segundos después, cansado de ese juego, comenzó a hacer una breve mamada para despertar aquellos sentidos aún no activados en Jisung.
ESTÁS LEYENDO
Bad Boy
FanfictionComo propietario y editor jefe de Heat, la revista digital más caliente de Dallas, Han Jisung está dispuesto a todo para conseguir una buena historia, incluso a colarse en el Club 69, donde no todo es lo que parece.
