Capitulo 2.

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Un aroma dulce le hizo levantar  de  la cama, aquel exquisito olor  ya lo conocía de sobra.

—Panqueques —dijo tragando la saliva acumulada—, Serena hizo panqueques. —Dijo saliendo de la cama.

Se acomodó la bata de dormir, rápidamente llegó a la cocina, al ver la pila de ricos panqueques con mantequilla se acomodó para degustarlos.

—Eres como un perrito —dijo Serena riendo volteando los panqueques—, en cuanto percibiste el desayuno te levantaste.

Rió la rubia de coletas.

—jaja —rió sarcástica la comparación de su amiga no se definía en absoluto—, tú cocinando eres la mejor.

—Ya deja tus salamerias a un lado  desayuna, Rubeus nos llamó para ir a ensayar.

—¿Ensayar? —cuestiono confundida, metió un bocado de el delicioso desayuno comprobando una vez más las prodigiosas manos de Serena.

—Si —respondió la rubia de flequillo de corazón tomando asiento en la pequeña mesa para también tomar su desayuno—. Rubeus quiere que causemos una buena impresión, unos chinos vendrán ¿Y  recuerdas a Darien el chico pelinegro que siempre deja rosas en mi camerino? Bueno habló con don Rubeus para llevar a los chinitos al club.

La voz de Serena se oía lejana, ya sabía quien era Darien, era un niño rico heredero de una familia europea, en resumen todo un junior de la alta sociedad. Pero anoche él fue acompañado de otro sujeto, el cual ella bautizó cómo don refrigerador, si bien el tipo parecía ser de esos oficinistas amargados algo en él llamó mucho su atención.

—¡Mina! —prorrumpió Serena sacando a la rubia  de su burbuja individual haciéndole pegar  un brinco de su asiento.

—No me grites coño estoy frente a ti loca...

Calló al escuchar que alguien tocaba la puerta, esperó a que alguien hablara si era el casero ni loca salía a escuchar su repetitivo "págame".

—Minako, Serena —llamó una voz femenina—, chicas ¿Están en casa?  

—Es Ami —dijo en voz baja, Serena decía con gestos que no abriera aún así abrio. Ami era muy diferente a su abuela grosera y si estaba llamando era porque seguramente necesitaba algo y  no iba a negarle ayuda mientras estuviese a su alcance ayudarle—. Le abriré.

Al abrir vió a la vecina en su usual uniforme blanco de enfermera.

—Buenos días Mínako —saludó ella con timidez—, disculpa que te moleste tan temprano, sé que ustedes trabajan hasta muy tarde y...

—No te preocupes —interrumpo—, ya estábamos despiertas.

—Bueno me alegra no haberlas despertado —esbozó una sonrisa de boca cerrada, de su bolso sacó una carpeta—, por favor Mínako quería pedirte un favor.

—Claro dime.

Ami  abrió sus ojos emocionada, esperaba que aceptara, pues no tenía opción—, necesito que me ayudes a llevar está hoja de vida a esta dirección mi trabajo no me dará tiempo de llegar a tiempo y de verdad quiero aplicar para ese trabajo, así estaría al pendiente de mi abuela como enfermera apenas y tengo tiempo para ayudar a mi abuela en su artritis.

Serena se acercó a la rubia de pijama naranja arrebatándole la carpeta que Ami le acababa de entregar.

—¡Estás loca! —exclamó Serena abriendo sus ojos como platos—, estamos en Harlem niña tonta, Hudson Valley queda a dos horas.  —Recalcó Serena devolviendo la carpeta a la enfermera.

La Doble Vida De Mínako. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora