Eran casi las cuatro de la tarde Serena parecía no parar su sermón por no llegar a tiempo, y todo por andar de buena samaritana, según la de coletas, Mínako era demasiado buena.
—Mina en serio no se porque eres tan ingenua, Ami se fue a su trabajo y tú perdiste un ensayo, se que eres buena en lo que haces amiga, pero tú sabes como es Rubeus, sabes que la vieja Ana es una mal agradecida...
—Serena tengo algo que contarte —la propuesta de trabajo de esas personas le venía caída del cielo, lo que no iba a contarle a su amiga era que estuvo en la casa del guapo albino de ojos verdes que fue la noche anterior al club, ese secreto lo guardaría para ella—. Sere resulta que esas personas me ofrecieron el empleo a mi.
—¡Qué! —exclamó la rubia de flequillo de corazón y voluptuoso cuerpo levantándose de la silla donde minutos atrás estaba maquillándose—, ¿Y tú qué respondiste mujer? —inquirió Serena impaciente.
Serena le miró seria ya sabía que otro largo sermón se avecinaba, sentir el escrutinio de su azulada mirada la ponía nerviosa. Tomó una larga bocanada de aire dispuesta a contar a Serena lo que pensaba hacer antes de tomar una decisión definitiva sobre ser la niñera de esa pequeña.
—No, me parecía injusto con Ami, ella también...
Serena miró a su amiga con la boca hecha una gran o.
—¡No me jodas Mínako, al carajo Ami! —dijo Serena exaltada—, sabes este mundo es así, los peces grandes se comen a los pequeños amiga, si Ami estuviera en tu lugar lo habría aceptado sin detenerse a preguntar si a ti te parecía.
Meditó en las palabras de Serena, aunque fueran rudas sus afirmaciones todas eran ciertas y ella mejor que nadie lo sabía.
———
La ira era el único sentimiento que tenía en este momento, estaba cansada de luchar sola y de que tantas personas que le cerraran la puerta en la nariz.
—Doctor por favor, es mi madre, ella tiene mucho tiempo esperando está cirugía.
—Minako eso lo entiendo, pero tu madre estuvo de acuerdo en esto, esa niña también necesita la cirugía. No puedo hacer más además el seguro no cubre...
—¡Maldita sea! —gritó ella tan fuerte que su garganta ardía en cólera, no entendía como aquel hombre podría ser tan indiferente—, no es un animal es mi madre ya le dije que yo pagaré el restante, mi madre depende de esa cirugía...
Una enfermera corrió apresurada interrumpiendo, se alejó un momento de ella él se veía tenso en sus gestos, un minuto después el médico regresó con la enfermera a su lado.
—Minako —dijo con voz gutural ajustó el puente de sus anteojos con nerviosismo—, Señorita Aino su madre acaba de morir.
Él seguía hablando pero su voz era ajena y lejana para Mínako, solo los miraba mover los labios sin escuchar nada de lo que hablaban.
Su madre ya no estaba viva, se había quedado sola, aún recordaba sus palabras (Vamos hacía una nueva vida hija, no dejamos un país, empezamos una nueva vida). No imaginó que salir de su país les traería tantos problemas.
———
—Entiendo tu punto Serena es válido también, entiendo que Ami quizás no habría hecho lo mismo de ser diferente la situación y ser ella quien estuviera en mi lugar; aún así hablaré con ella, bueno te dejo tengo que calentar está noche será muy importante.
Sin agregar más se fue a hacer sus calentamientos, está noche sería muy importante.
•••
Tenía rato centrado en el ordenador, su vista ya estaba cansada se quitó los anteojos, para luego recostar la espalda y tomar un descanso, el nuevo horario aún le afectaba un poco y no terminaba de adaptarse.
El silencio en su oficina acabó, pues Darien su alborotado primo destruyó el relajante ambiente callado de su apacible oficina.
—¡Hallo Cousin! —saludó un entusiasmado pelinegro de traje gris claro, debajo camisa y corbata negra sentandose desparramado frente a su primo.
—Hallo —respondió Artemis frunciendo el entrecejo, no era que no quisiera a su primo, al contrario era una de las pocas personas a las que sin miedo podía decir que era su amigo de verdad.
—Tu entusiasmo no se escucha en ningún lado —comentó Darien con ironía—, pero no te preocupes Arti ya está noche se te quitará esa cara larga de caballo. —Habló con picardía en su voz el recién llegado Darien.
—¿Ya te comunicaste con los japoneses? —preguntó Artemis omitiendo el entusiasmo de su primo.
—A ello venía precisamente, Arti no te preocupes ya todo está planeado los Kou aceptaran —dijo el pelinegro con una sonrisa ladina, descansando sus codos en el escritorio de su primo que lo miraba incrédulo—, está noche veremos a nuestros próximos socios en el club Caleidoscopio. —Dijo Darien subiendo ambos pulgares en señal de que todo estaría bien.
Abrió los ojos a su máximo al escuchar lo que Darien dijo, pensó que su primo no podría estar hablando enserio.
—¿Por qué esa cara? —inquirió el pelinegro confundido al ver el rostro de desconcierto del albino frente a él.
—No puedes estar hablando enserio ¿Verdad? —cuestionó Artemis frotando sus sienes, tratando de calmar la naciente Jaqueca que comenzaba a cobrar más fuerza a cada momento.
Darien cambió su sonrisa por un ceño fruncido no pensó que Artemis lo tomaría tan mal.
—Solo quería llevar a los asiáticos a un lugar diferente ¿Eso que tiene de malo? —dijo encogiéndose de hombros.
—¡Llevas a quienes posiblemente sean nuestro negocio más grande en mucho tiempo a ver bailarinas exóticas! —dijo Artemis perdiendo la paciencia.
—Pues yo no veo nada de malo en darle a los japoneses un poco de lo que en su país no tienen —se defendió Darien tratando de quitar importancia a la histeria de Artemis—, no veo porque haces un escándalo por esto, tú seguramente llevarías a los asiáticos a un restaurant lujoso sin chiste todo insípido.
—Y para ti lo más entretenido es enviar a nuestros posibles socios a un club de strippers. —Replicó Artemis molesto con las tonterías de Darien.
Darien rodó los ojos con fastidio, su primo a pesar de ser joven era un amargado, se levantó del asiento frente al escritorio.
—No son strippers...
—¡Lo que sea! —exclamó el albino perdiendo la paciencia con el pelinegro frente a él.
—Pues no te hagas, si Azul pone a los japoneses, cómo tú quedaste de imbécil cuando la viste anoche, ya tenemos el trato en el bolsillo con los Kou. —Dijo Darien guiñando un ojo fastidiando a su primo el amargado.
En cuanto el pelinegro vio la cara de pocos amigos de Artemis decidió que ya era hora de irse de su oficina.
Solo nuevamente meditó en las palabras de Darien, Azul era el nombre de la bailarina de aquella noche. No lo podía negar aquella mujer había llamado su atención, su piel melocotón era perfecta, sus azules ojos destacaban bajo ese antifaz decorado y su figura era escultural parecía irreal.
—Azul. —Musitó acordandose de aquel peculiar nombre, se preguntó si aquel era su nombre verdadero, ¿O sería parte del show?
Volvió a su escritorio debía trabajar y no pensar en tonterías, aquella mujer tenía su encanto, pero él no se fijaría en una stripper, ni siquiera para cosa de una noche. Solo esperaba que el plan de Darien saliera bien de lo contrario él pagará las consecuencias por las decisiones de su primo.
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La Doble Vida De Mínako.
LosoweArtemis Von Parker por motivos laborales abandona Alemania para iniciar de nuevo en Nueva York junto a su hija Diana de siete años, trás la perdida de su esposa, ve en otro país una nueva manera de comenzar de nuevo con su hija alejado, de todo a...
