Capitulo 25.

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Su mente era un compendio de emociones, entre ellas el enojo y la decepción eran las ganadoras. Creyó que podía tener algo verdadero con Mínako pero nada de lo ocurrido en Florencia fue real.

—Pero que estúpido fuiste Artemis —rió amargamente—, ¿Cómo no viste que la niñera y la bailarina eran la misma mujer? Solo se acercó a ti porque es una oportunista.

Caminó para servirse un trago, no era de tomar pero en este momento era más que necesario, quería olvidarla a toda costa fingir que esas caricias no lo hicieron estremecer hasta erizar el último vello de su cuerpo, no debió escuchar a nadie solo estaba bien,  se hubiera ahorrado muchos problemas.

—Maldita la hora en la que llegaste a mi vida —dijo tomando todo el líquido ambarino de un solo trago dejando el vaso a un lado—. Yo fui tan imbécil, de seguro te burlaste de mi hasta el cansancio.  

—Señor...

Mónica calló al ver el estado de Artemis, tenía mucho de no ver a su señor en un estado así, el ama de llaves no sabía que estaba pasando entre Artemis y Mínako lo único seguro era que esos dos tenían algo.

—¿Qué quieres Mónica? —cuestionó Artemis tratando de mostrarse imperturbable ante el ama de llaves.

—Señor Artemis solo venía a decirle que ya la niña está dormida, estaba algo intranquila preguntándome por Mínako y...

—Esa mujer no volverá Mónica —Dictaminó el albino tajante.

—No entiendo Artemis, Diana está adaptada a esa muchacha y Mina...

—He dicho que Minako no volverá, Diana tendrá otra niñera Mónica, una que si sea profesional. —Dijo Artemis alzando la voz molesto con los cuestionamientos de su ama de llaves.

—Si señor Von Parker. —Musitó Mónica con la mirada baja.

—¿Esa mujer ya se marchó?

Asintió cómo respuesta.

—Recogió sus cosas y se marchó,  el hombre que trajo la señorita Neherenia también se marchó...

—Perfecto no quiero ver a ese hombre en mi casa —dijo tajante—, Mónica tampoco quiero volver a ver a esa mujer  en la mansión, no la quiero ver cerca de mi hija.

—Si señor.

—Puede retirarse.

La mujer salió de la oficina de su jefe.

Una vaz solo dejó salir un suspiro de frustración, aún teniendo las pruebas ante sus ojos seguía pensando en esa mujer y eso era algo que le molestaba de sobremanera.

•••

—Ya sabía que eras listilla Aino, Mína no sabía que tenías tan alta tus aspiraciones querida —habló Rubeus con mofa—, asumo creíste que tú y el alemán tendrían un lindo cuento de hadas, no sabía que creías en esas cosas...

No dijo nada, no tenía ánimos ni fuerzas de hablar nada de lo que Rubeus dijera la lastimaría más de lo que ya estaba. Ver el rostro de Artemis lleno de decepción era algo que simplemente no olvidaría.

—Los hombres como Artemis Von Parker no se enamoran de zorras como tú. —Comentó Rubeus encendiendo un cigarrillo.

—Ya lo sé. —Susurró Mínako sin alzar la mirada.

—Te alegrará saber que a pesar de tus travesuras estoy dispuesto a darte otra oportunidad; no debería hacerlo eres una chica muy desagradecida pequeña Mína, pero yo estoy abriendo las puertas una vez más...

—No volveré al Caleidoscopio Rubeus, prefiero vivir debajo de un puente y mendigar antes que volver a ese lugar, no te preocupes te pagaré hasta el último centavo que aún te debo pero no me ataras a ti nunca más. —Respondió Mínako alzando el rostro tenía muchas ganas hace mucho de y ir decir eso, sabía que cualquier cosa era posible hasta morir sabía los alcances de Rubeus pero ya estaba cansada de vivir así si es que a eso se le podia llamar vida.

—La fierecilla sacó las uñas —aquello iba más allá de lo que ganaba con Azul en el club, tampoco era que le importara la deuda que la rubía tenía con  él, nada de aquello era tan importante él solo la quería a su disposición Mínako le tenía en un círculo vicioso desde que la tuvo bajo su cuerpo por primera vez—. Te oyes muy decidida muñeca.

—Lo estoy ya no tienes poder sobre mi.

—¿Acaso ya no te importa lo que ocurra con Serena...?

Rió ante las burdas amenazas de Rubeus, él estaba enterado de sus movimientos.

—Serena ya está muy lejos Rubeus, no puedes chantajearme con eso y ya te dije te pagaré tu maldito dinero, búscate a otra y con un demonio ya déjame en paz.

La rubia salió del auto del italiano, había sido llevada a la fuerza por los escoltas de Rubeus.

—¿Quiere que vaya por la chica señor? —inquirió el chófer mirando a Rubeus tras su espejo retrovisor.

Botó el humo de la última calada de su cigarrillo.

—No Taiga, soltemos un poco la correa de la gatita, ya volverá.

—¿Seguro? —cuestionó el escolta y chófer confundido por la decisión de Rubeus, Taiga sabía la obsesión que su jefe tenía con la bailarina.

—Si, estoy seguro que volverá ahora vámonos.

El rubio no agregó más, arrancó el auto nuevamente obedeciendo las órdenes de Rubeus.

•••

—¡¿Entonces mi amiga ya no está en la mansión?! —habló Serena sorprendida por lo que el chico de cabello rubio miel decía.

—Si no entiendo del todo lo que pasó, pero según Mónica, el ama de llaves la señorita Mínako se fue muy mal, llegó un hombre y dijo que ella era una bailarina de un club nocturno.

—¡Rubeus! —Dijo la rubia  de coletas levantándose del sofá—, ya Rubeus la descubrió se lo dije pero esa tonta enamorada no quiso escucharme.

Parpadeó perplejo ante las revelaciones de la chica.

—¿Entonces todo es cierto y la señorita Mínako es una bailarina nocturna?

Serena asintió ante lo dicho por el chófer.

—Si Andrew, Mína y yo trabajamos en un club nocturno llamado Caleidoscopio.

—¿Ustedes son los colores...?

—Si Andrew somos colores del Caleidoscopio, pero Mína no quería hacer esto...

—Serena no se preocupe no las juzgaré Mínako es una muy buena amiga y ahora tú también lo eres...

La rubia se abalanzó a los brazos del muchacho abrazándolo de manera efusiva.

—¡Gracias Andy eres  como un caballero de esos que ya no existen!

Él se sonrojó ante lo dicho por la atractiva rubia, aceptó tener oculta a la chica por petición de Mínako pero desde que comenzó a convivir con esa chica comenzó a sentir cosas por ella.

La Doble Vida De Mínako. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora