Capitulo 9.

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—Lo que me pides no es posible cariño. —Dijo Mínako con voz juguetona tomando al hombre de la barbilla.

—¿Y porqué no? —refutó Yaten siguiendo el juego de la bailarina.

—Porque es parte del show darling —susurró acercendose al oído de Yaten jugando con su larga coleta platinada.

—Tú no pareces ser el tipo de chicas que sigue las reglas Azul. —Habló Yaten esbozando una sonrisa ladina.

—Pues las apariencias engañan guapo, no soy lo que crees, yo en el fondo soy una buena chica. —Rió  cómplice al coqueteo de Yaten.

La intención de la rubia era hacer tiempo hasta que la hora pasará y su turno finalice.

—A mi no me  parece que seas una buena chica, al contrario.

—Lamentó decepcionarte, has venido de tan lejos  y...

Los labios de la bailarina fueron silenciados por Yaten en un beso desprevenido que Mínako no vió venir, intentó soltarse del agarre de Yaten pero este le tomo de su cabeza hundiendo sus dedos en su lacio cabello dorado.

En cuanto logró liberar una de sus manos del agarre de Yaten, Mínako propinó una bofetada que de inmediato enrojeció la mejilla del albino.

Él dió un paso hacia atrás, tocó su mejilla levemente enrojecida.

—Te gusta jugar rudo.

—Eso no es parte del show —dijo Mínako con altivez, aunque en su fuero interno temblaba del miedo, no podía hacer eso—, cruzó los límites.

—Me pregunto ¿Qué dirá tu jefe si le digo la brusquedad con la que tratas a tus clientes? Yo creo que se enojaría mucho. —Habló Yaten en un tono dramático fingiendo estar afligido.

—No por favor, haré lo que  sea. —Dijo  con temor, ya tenía una advertencia  y Rubeus no era un hombre  que amenaza en vano, un par de veces vivió en carne propia la crueldad de ese hombre.

—¿Lo qué sea? —siseó acercándose a la bailarina, sujetó a la rubia de la cintura, rozaba la delicada y terza piel melocotón de la chica—, eso me gusta, podemos llegar a un acuerdo.

—Acuerdo ¿A qué tipo de acuerdo te refieres?

Quiso volver a golpearlo está vez más fuerte, pero solo tenía un pensamiento en su cabeza «solo haces esto por Serena, resiste un poco más Mína», se auto animó ella ahogando su frustración.

———

Miró asqueada su reflejo en el espejo del baño.

—Ni tomando mil baños me sentiré limpia. —Musitó con su voz quebrada por el llanto.

No era el tipo de mujer fantaseosa que esperaba el principe azul y vivir un cuento de  hadas. Al menos esperaba enamorarse  y la primera vez que estuviera con alguien hacerlo por amor, pero no la vida no le sonrió a ella y las cosas no ocurrieron como ella quiso; prácticamente dió su virginidad en forma de pago.

Saltó como resorte al escuchar que tocaron la puerta.

—¡Ya voy! —gritó Mínako apresurada en alistarse.

Se dió una última mirada al espejo, por más maquillaje que usase esos hematomas no desaparecieron.

———

Pasó de su cuello, a sus labios, acariaba lo que pudiese de su piel, la apegó más a su cuerpo. Algo  no andaba bien no era lo que esperaba al tenerla, mucho menos es lo lo que imaginó.

Su cuerpo era rígido ella no estaba siendo parte de esto, su cuerpo  lánguido ante sus caricias fueron el detonante para soltarla.

—Así no puedo —dijo frustrado ella parecía tener pavor de él—, ya puedes abrir los ojos, no haré nada que tú no quieras.

—¿Lo dice de verdad? —cuestionó Mínako aliviada, aunque poco duró la alegría—, ¿No le dirá nada a Rubeus? Escucha...

—No le diré nada —dijo hastiado arreglando su arrugado atuendo—, por ahora puedes estar tranquila.

—Gracias.

—No agradezcas —habló Yaten caminando a la salida del cuarto vip—, la próxima vez no seré tan amable.

Sin agregar más salió dejando sola a la bailarina, su sonrisa desapareció siendo sustituida por un suspiro de alivio.

•••

Estaba absorto en su trabajo, era muchas las cosas que debían cambiar; la dirección ejecutiva anterior cometió muchos errores que si no se corregían a tiempo podría acarrear graves consecuencias.

—Señor Von Parker traje lo que me pidió.

Alzó el rostro mirando la pila de papeles que Mimet dejo en su escritorio. —¿Es todo? —cuestionó Artemis tomando una de las carpetas de la pila.

—No señor —negó Mimet—, aún tenemos más, la verdad es que faltan al menos aún tres pilas más, todas de este mismo grosor.

—Mimet ¿Por qué no me pusiste al tanto de esto en cuanto llegué de Alemania? —dijo Artemis con un dejo de molestia en  su voz.

—Lo siento señor no pensé...

—¡No Mimet tu trabajo no es pensar! —reprochó el albino exasperado por la actitud tan relajada de su asistente—, Mimet si no soluciono los desastres de la anterior dirección ejecutiva, muchas personas pagaran la consecuencias, si no eres diligente en tus labores lamentablemente no podré seguir contigo como mi asistente.

—¡No señor Artemis! —dijo con sus ojos abiertos a su máximo, no podía perder esa oportunidad—, prometo de ahora en adelante notificar todo lo que pase, también le notificaré todo lo que necesite señor Von Parker, pero por favor...

—Esta bien Mimet te daré otra oportunidad de mantener tu puesto, pero por favor que está situación no se vuelva a repetir de lo contrario buscaré  alguien más.

—¡Gracias! —dijo la pelinaranja sin poder ocultar su emoción—, ¿Desea algo más?

—Si un café, bien cargado y sin azúcar. —Pidió Artemis sin quitar la atención de la pantalla del ordenador.

Una vez solo en la oficina siguió trabajando en silencio, la calma no duró mucho pues nuevamente alguien entró interrumpiendo.

—Artemis espero no interrumpirte hijo.

Alzó la mirada acto seguido se retiró los anteojos sintió sus ojos candados.

—No abuelo no interrumpe, al contrario siempre es grato verlo. —Dijo él poniéndose de pie.

—Para mi también muchacho, mis nietos y mi obstinado hijo son lo que me queda, por cierto Artemis dime que no todo está perdido y que puedes arreglar los desastres  de tu  tío Kunzite.

—Si, me tomará algo de tiempo, pero  prometo volver a equilibrar todo. —Dijo el albino sintiendo ante la manera de expresarse de su abuelo.

—Hijo me gustaría que no solo órdenes el desastre de tu tío Kunzite, también me gustaría que retomes tu vida. Eres un hombre joven y ya ha pasado más de un año...

—Abuelo ya hemos hablado del asunto. —Repitió Artemis con fastidio.

—Bueno muchacho piénsalo bien, te dejo porque mi vuelo está por salir iré a pasar unos días con tu abuela, vendremos para navidad.

—Tenga buen viaje.

Abuelo y nieto se despidieron con un abrazo.

Nuevamente solo, suspiró cansado del mismo asunto, inconscientemente a su mente llegó la imagen  de cierta bailarina de largas y torneadas piernas. Sacudió la cabeza queriendo sacar así las imágenes absurdas de esa mujer.

La Doble Vida De Mínako. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora