Capitulo 24.

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El viaje había sido algo cansado, fueron un poco más de once horas de vuelo. Pero para ella aquellas horas junto Artemis fueron las mejores. Aún no creía en lo sucedido en Italia, de solo recordar le parecía un sueño sacado de las novelas dramáticas de esas que su madre veía emocionada por las noches al llegar de su trabajo.

———

La fría brisa marina era mitigada por el sol de medio día, se detuvieron porque la pequeña Diana quería un helado.

—Minako.

—¿Si? —Respondió ella volviendo la vista al albino a su lado.

—¿Tú también quieres un helado?

Negó ante el ofrecimiento de Artemis.

—Así estoy bien. —Llevó las manos a su abrigo quería preguntar algo a Artemis, pero no era capaz de hacerlo. «Mina ya te dijo que le gustas porque no se lo preguntas ya, no eres una cobarde» luego de esa charla motivacional con su subconsciente tomó el coraje necesario para preguntarle Artemis que pasaría con lo sucedido con la noche anterior.

Buscaba al albino pero no lo vio, caminaba hasta que lo diviso junto a su hija frente al puesto de los helados reía con la niña señalandole que tenía helado en su nariz. Caminó hasta llegar con ellos.

—Se que no querías pero...

—Se me antojó un helado. —Dijo ella sin poder ocultar la risa al ver a su jefe el amargado y frío refri como ella le había bautizado, riendo y comiendo helado con la nariz llena del cremoso postre.

—Che bella coppia ho frequentato oggi!

Diana rió ante lo dicho por la robusta vendedora del puesto de helados.

Mínako vió un tenue sonrojo en Artemis, se preguntaba ¿Qué había dicho esa mujer para que Díana riera y Artemis se pusiera así.

—¿Qué dijo la vendedora? —preguntó la niñera a la niña tenía curiosidad por saber que había puesto así a su jefe, él que nunca se mostraba imperturbable, ahora estaba sonrojado por un comentario no era muy común.

—La señora dice que tú y mi papá hacen   bonita pareja. —Respondió la niña dando una lamida a su helado.

—¡Eso dijo! —habló  la rubia abriendo los ojos al máximo incrédula por la respuesta de la niña.

Pasó la tarde y ya era momento de volver, el vuelo saldría en dos horas Alexander tenía cosas que hacer antes de irse.

Noa bajó del auto para acto seguido abrir la puerta a Diana para que también bajara.

—Vamos nena debemos terminar de empacar y alistar todo para irnos.

A medio camino escuchó la voz de Artemis, este le pidió aguardar un momento. Ella giró sobre sus pasos.

—Si. —Respondió ella con timidez.

—Minako respecto a lo que le dije en la mañana era verdad —dijo el albino con seriedad—, cuando volvamos a Nueva York hablaremos de esto.

—Si señor —se limitó ella a responder

La vió entrar a la casa, Mimet venía saliendo en cuanto lo vió se acercó a él.

Mínako dió un vistazo a la pelinaranja que al verla la miró con desden, luego miró en otra dirección ignorando a la niñera.

La rubia omitió la actitud desdeñosa de Mimet nada en este momento le perturbaria estaba muy feliz para dejarse llevar por la amargada asistente.

———

—Minako ya hemos llegado, despierta.

Abrió los ojos con parsimonia al escuchar aquella voz masculina que últimamente aceleraba sus latidos.

La Doble Vida De Mínako. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora