La cena fue increíble, la ciudad de noche era igual de encantadora que en el día, miraba el paisaje nocturno desde la ventana del auto, prefería no mirar al otro lado aún se sentía apenada por llevarse a la niña sin comunicarle a Artemis sobre el paseo, pero sabía que si le decía el frío refrigerador alemán le diría no sib pensarlo.
—Minako —llamó pero no tuvo respuesta de la niñera —, Mínako ¿Ocurre algo? —volvió a hablar.
—No, nada ¿Por qué lo dice? —respondió ella quitando la vista de la ventana.
—Por nada en específico, es solo que le hablé y usted no respondió.
—No le escuché lo siento —se disculpó Mínako por ignorar al albino—, pero que me quería decir.
—No nada importante, solo quería preguntar cómo la estaba pasando está noche.
—La verdad muy bien señor Artemis, desde que bajé del avión todo me ha parecido increíble, no pensé nunca hacer un viaje así —le pareció extraño que Artemis le preguntara algo así—. Gracias por traerme.
—Mas bien gracias a usted por ser como es con Diana —miró a la pequeña dormida en el asiento trasero—, no es fácil que Diana conviva con personas que no entiendan su condición, pero con usted fue diferente parece que fuera más que su niñera, entiende a mi Diana y le ayuda ¿Estudió psicología?, ¿o algo parecido? —preguntó él intrigado por la facilidad de Mínako tratar con su pequeña. Ya que ni él muchas veces supo tratar con la condición de la niña.
La niñera negó como respuesta —Artemis para nada, estudié música, cuando era más joven tenía el sueño de ser cantante y me esforcé al llegar a Estados Unidos con mi madre era muy buena en la escuela y en el programa de música de la preparatoria logré un lugar en juliard.
—No sabía —habló Artemis impresionado con los logros académicos de la chica a su lado—. Llegamos. —Dijo él apagando el motor del auto.
—Gracias por la cena, le ayudo con Diana debo ponerle el pijama...
—Tranquila Mínako yo la llevaré a su habitación, usted puede irse a descansar.
Salió del auto caminó a la entrada de la casa «no voltees, no voltees» se dijo mentalmente, cada vez era más difícil poner un alto en lo que sentía por Artemis, llevada por sus impulsos se dió la vuelta allí lo vió sacar a la niña del auto, tomaba a la pequeña con delicadeza en cuanto cerró la puerta del auto Mínako dió la vuelta rápidamente sacó su copia de las llaves y se apresuró para abrir.
•••
Despertó al escuchar el molesto repique de su celular.
—Dios dejen dormir —musito desviando la llamada, estaba por volver a quedarse dormida pero una vez más el infernal aparato hizo de las suyas—, carajo. —Se quejó molesta.
Se levantó tirando las sábanas de una patada, tomó el celular y de mala gana contestó la llamada.
—¡¿Por qué carajos no respondías el maldito teléfono?! —gritó una furiosa Serena.
—Será porque es demasiado temprano —respondió Mínako a Serena mostrándole que aún no amanecía—, ya dime ¿Qué quieres? —habló la niñera soltándo un sonoro bostezo.
—Mina, Rubeus está que echa chispas amiga dice que si no te presentas está noche...
—No hará nada —ya estaba cansada de ser pisoteada por su aborrecible jefe, Rubeus ya la tenía harta—. Serena dime algo ¿Confías en mí?
Serena miró confundida a su amiga no entendiendo a dónde quería llegar; Mínako la miraba a través de la pantalla quería creer en su amiga, pero Mínako estaba tentando mucho su suerte.
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La Doble Vida De Mínako.
AléatoireArtemis Von Parker por motivos laborales abandona Alemania para iniciar de nuevo en Nueva York junto a su hija Diana de siete años, trás la perdida de su esposa, ve en otro país una nueva manera de comenzar de nuevo con su hija alejado, de todo a...
