Capitulo 23.

8 0 0
                                        

Intentó moverse pero un par de brazos se lo impidieron, Mínako abrió sus ojos con pesadez, los primeros rayos de sol eran muy fuertes para sus ojos. Se volvió a acurrucar plácida ignorando todo a su alrededor.

Minutos después abrió sus ojos se incorporó de manera abrupta mirando todo en el lugar, esa no era su habitación, giró lentamente su cuerpo miró por encima del hombro y ahí lo vió acostado.

Él la miraba callado no sabía que decirle a la chica, aunque siendo honesto la situación aunque extraña no le incomodaba en absoluto.

—Buenos días Minako. —Habló en tono calmo.

—Buenos días señor. —Respondió la nombrada con un leve tartamudeo.

Rió ante el notorio nerviosismo de la niñera, que al  verlo abrió sus ojos al máximo, rápidamente cubrió su cuerpo con las sábanas, su actitud distaba mucho de la mujer que estuvo anoche con él, la Mínako de ahora era una mujer tímida muy diferente a la de anoche ella era la sensualidad hecha mujer, aunque esa timidez y ternura también era algo que le gustaba de la rubia a su lado.

—Señor lo siento...

—No te disculpes no ha pasado nada que tú o yo no quisiéramos —dijo acercándose a la chica—. ¿Tú te arrepientes? Porque yo no.

—¿Lo dice de verdad?, ¿no miente por cortesía? —preguntó ella incrédula ante lo dicho por su jefe. 

Él negó sin dejar de sonreír, se acercó más a la niñera hasta juntar sus labios en un beso que la dejó petrificada, le tomó un momento reaccionar de repente llevo su mano izquierda a los rebeldes y despeinados cabellos platinados de su jefe.

Lentamente llevó a la muchacha a recostarse en la cama  detuvo el beso, pero aún tenía la mano en su  cabello.

—Mina, me gustas. —Musitó acariciando la mejilla de la rubia con el dorso de su mano.

Aunque lo estuviese escuchando de sus labios para Mínako era difícil creer en  las palabras de Artemis, tenia sus reservas y el ejemplo cercano de su mejor amiga y Darien, aunque lo ocultara sufría mucho por por la canallada de Darien Von Parker.

(tú y yo solo somos un entretenimiento para ellos no, nos tomarán nunca enserio te daré un consejo si puedes sacarle un beneficio a tu jefe úsalo, pero no te enamores Mínako, no creas en sus dulces palabras).

Serena era dura en sus palabras, pero sabía que su amiga tenía razón, puso la mano en el pecho del hombre encima de ella, él le miró sin entender que había ocurrido.

—Es tarde usted tiene cosas que hacer y yo debo preparar a Diana el vuelo sale en la tarde. —Desvió el rostro evitando el escrutinio esmeralda al que su jefe la sometía.

—Tienes razón —secundó el albino haciéndose a un lado—, pero aún así quiero pasar la mañana con Diana antes de regresar, quiero que la tengas lista en media hora. —Si ella quería volver a su lugar él no se lo impediría, estaba desconcertado y confundido pero no demostraría debilidad ante Minako, solo esperaba que fuera temporal le daría espacio.

—Si señor.

Se puso de pie tomó una sábana con torpeza para cubrirse la desnudez.

Artemis le pareció divertida  la acción de la muchacha, en la cama podía ser una mujer atrevida sin ningún tipo de ataduras, ni pudor y otra vez volver a su comportamiento reservado y tímido.

—Minako —llamó y ella volvió a mirarlo  le acercó la camisa que usó él para cubrirse era más fácil que  taparse con esa sábana enorme—. Tú también vendrás con nosotros.

Se puso la camisa con rapidez, no supo que responder a lo dicho por su jefe. Solo asintio cómo respuesta para acto seguido salir de la habitación de Artemis.

•••

Entró acompañado de una despampanante pelinegra que lucía un vestido verde entallado a su cuerpo destacando sus nada despreciables curvas.

—Este es el lugar donde se ha estado escondiendo mi mariposa Azul. —Dijo Rubeus asombrado mirando el interior de la casa.

—Si aquí es donde esa mosca muerta ha estado, de día es la dulce y candida niñera de la mocosa de mi sobrina y de noche es la estrella principal de tu club nocturno, la zorra es toda una maestra del engaño, pero a mí nunca me  engañó —dijo Neherenia soltando una risa burlona—,  ¡Mónica! —gritó ella llamando al ama de llaves.

Unos pocos minutos después la empleada solicitada hizo acto de presencia, vió al hombre de traje, luego miró molesta a Neherenia a Artemis no le gustaba tener extraños en su casa y aquel hombre para nada le daba buena espina.

—Digame Neherenia ¿Para qué me llama? —cuestionó la doméstica denotando su molestia ante el abuso de la ex cuñada de su jefe al traer desconocidos.

—¿Cuando llega Artemis? —Inquirió Neherenia acercándose a la altiva ama de llaves, la pelinegra no toleraba a la atrevida ama de llaves.

—Según tengo entendido su vuelo sale hoy en la tarde, de seguro llegará de madrugada a Nueva York quería pasar más tiempo de calidad con la niña y...

—Esta bien Mónica, ya puedes irte era lo único que quería saber —dijo Neherenia con altanería—, vamos ya puedes irte, ya no necesito nada más mujer. —Dijo  altanera Neherenia chasqueando los dedos al ama de llaves.

Mónica se retiró molesta con la actitud tan grosera y prepotente de esa mujer; se iría pero no por petición de esa maleducada mujer, lo haría porque simplemente no la soportaba y no aguantaría humillaciones.

—Ya escuchaste querido la bailarina de quinta llegará dentro de poco, estoy ansiosa por ver la cara de mi Artemis cuando descubra quien es de verdad la niñera de su hijita —desde que descubrió la identidad de Mínako estaba ansiosa por descubrirla pero no había encontrado el momento ideal para hundir a la chica, cuando creyó que había sacado a Mínako del juego está volvió más segura de que no se volvería a ir—. Rubeus preparate esto será tan entretenido. —Dijo caminando hasta el mini bar para servir un par de copas y brindar por su futuro junto Artemis Von Parker.

La Doble Vida De Mínako. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora