Bailes de año nuevo.

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Ni siquiera sabia que estaba haciendo allí. Salió prácticamente corriendo de su habitación sin una ruta específica y sus pies le llevaron justo allí: a la entrada del restaurante familiar de Po. Desde la distancia podía ver a gente en el interior riendo y comiendo, todo se veía tan cálido, se cerró la chaqueta con el frio colándose en ella, debió haber sacado algo más abrigador.

Dejo salir un suspiro, tenía envidia, de verdad tenía mucha envidia de aquel ambiente, le gustaría estar allí, comer hasta reventar, reír hasta que los fideos amenazaran con salir por la nariz y sentir la calidez de una familia.

Dio media vuelta, no sería mala idea ir al parque, el hacer un poco de ejercicio no solo acabaría con la sensación de frio en su cuerpo, sino que le ayudaría a mantener la mente ocupada en algo.

- Tigresa. – Escucho una voz a sus espaldas. - ¿Qué haces aquí?

Era Po. Obviamente era él.

- Lo siento, solo quería caminar un poco. – Se disculpó sin siquiera voltear a verlo. - Deberías volver a dentro se nota que es una buena noche.

- Espera. – Sintió al chico retenerla por la manga de su chaqueta. – Si quieres te puedo acompañar a ver los bailes.

- No quiero interrumpir tu fiesta.

- Es lo mismo todos los años, así que no me molesta. Además, mi papá está muy ocupado peleando con una de mis tías y él sabe que salí, por otro lado, mis primos siempre han sido muy unidos entre ellos y a mí no me prestan mucha atención. – Se encogió de hombros el chico. – Estas congelada. – Sintió la mano de su amiga. – ¿Quieres entrar y tomar algo caliente? Mi papá hizo como veinte litros de sopa... ¿o serán kilos por las verduras? – Divago por unos momentos.

- Podemos comer algo en el festival, ya me dieron mi sobre. – Sugirió sacando el sobre de entre sus bolsillos, tenía miedo de entrar y ya no querer salir.

Los ojos de Po brillaron de entusiasmo.

- ¡En marcha entonces! – Exclamo tomando la delantera. – Escuche que la feria del valle tiene hasta juegos con premios. ¿La has visto?

Tigresa negó seria, aunque en su interior sentía una calidez que pensó perdida aquella noche.

No demoraron mucho en llegar, aunque Po se las ingenió para hablar todo el trayecto, apenas respiraba, aunque aquello ya no era molesto, sino fue relajarte tener algo en la mente distinta a su relación con su padre.

- ¿En algún momento respiras? – Pregunto la chica ya a la entrada de la feria.

Po se rio nervioso.

Tal como había escuchado el chico el lugar estaba lleno de puestos de comida y juegos de destreza. Primero fueron por un poco de comida: Tigresa se pidió un té y Po sabe uno como termino en un concurso de quien ponía más dumpling en su boca, que termino ganando por la no baja cifra de 67, ganándose el aplauso de la pequeña multitud y un pequeño oso panda de felpa que hacía de llavero, se lo entrego a Tigresa y esta se lo guardo en el bolsillo de la chaqueta sin mucho interés.

- ¡Wow! – Exclamo el chico mirando los premios de uno de los puestos. – Es una figura de la maestra Fang. – identifico. – Ella fue quien perfecciono el estilo Wing Chun, decían que sus ataques eran tan rápidos que no te dabas cuenta de que te ataco hasta que estabas en el suelo adolorido. Es una de mis favoritas.

- Para ganarla solo debes derribar la torre de latas. – Dijo el dueño del puesto con una amplia sonrisa. – Por 10 yuan recibes tres pelotas.

El chico saco un billete arrugado de su pantalón, recibió las pelotas y comenzó a lanzar. Ni quiera fue capaz de derribar una. Saco otro billete y nuevamente perdió de forma vergonzosa. Luego otro más y aunque esta vez por fin le dio al centro ninguna lata cayo para el asombro del adolescente.

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