Aretes.

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- Vamos Po, debemos apurarnos para conseguir los mejores nabos. – Lo alentaban su padre mientras caminaban por el atiborrado mercado.

Su hijo lo seguía de cerca con cara de fastidio llevando un carrito lleno de verduras con un brazo y con el otro una bolsa llena de más verduras para el restaurant. Su padre debía de dejar de ser tacaño y comprar o al menos alquilar un vehículo para llevar tantas cosas.

- Al menos la harina se la envía directo a casa. – Se dijo para darse ánimos mientras luchaba por no perder a su padre de vista.

- Hierbas medicinales. Para todo tipo de males. – Promocionaba una mujer que parecía haber vivido desde los tiempos del emperador Qin Shin Huang por su lado izquierdo. – Hasta lo cura de la diabetes.

- Aleta del asesino del mar. Lleva aquí su aleta. – Promocionaba otro tipo alzando bolsas con algo dentro junto con sangre y hielo.

El estómago de Po dio un vuelco y apuro el paso. La gente vendía todo tipo de cosas por ese lugar.

- Anillos, pulsera, aretes y de todo de plata y oro – Dijo una mujer de mediana edad a su lado derecho. – Ideal para encantar a su amada. Un hermoso regalo para cualquier ocasión. 100% autentico.

El chico miro hacia las joyas interesado, eran bonitas, pero muy ostentosas para Tigresa se dijo para sí.

- ¿Qué está buscando, chico? – Le pregunto la mujer notando el interés inicial. – Déjeme adivinar, ¿algo para su novia?

Po abre la boca para negarse, pero la mujer era más rápida.

- ¿Algún anillo, quizás? – Saca una caja negra de terciopelo llena de anillos que Po rechaza rápidamente. – Muy precipitado por lo que veo.

- La verdad yo...

- Shhhh... - Lo callo la mujer. - Se perfectamente lo que necesita cualquier cliente.

La mujer se dispuso a sacas más cajas llenas de una infinidad de joyas que el chico rechaza sin pensarlo mucho, todo aprecia demasiado llamativo para Tigresa.

- Tal vez algo de aquí sea de tu agrado. – La mujer termina mostrando una serie de aretes que Po estuvo a punto de rechazar cuando unos pequeños aretes en forma de flor color plata con una pequeña joya color rojo llamaron poderosamente su atención.

- Son perfectos. – Dijo apuntándolos.

Pequeños, discretos y sumamente hermoso... Aquello le recordaba a la sonrisa de Tigresa.

- Cien yuanes. – Dijo la mujer extendiendo su mano.

- Cincuenta. – Regateo el chico. Ella podría decir que era plata original o lo que quisiera, pero sabía que en ese mercado de mala muerte que frecuentaba su padre todo era una falsificación o de materiales de baja calidad.

- Setenta y cinco y te doy una hermosa caja para regalarlo. – Oferto la mujer.

- Hecho. – Acepto el chico sacando el dinero y recibiendo una pequeña caja rosada con moño.

- ¡Po! ¿Dónde estas? - Lo llamo su padre.

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El lunes Po llego mas emocionando que nunca  ala escuela, bueno casi tan emocionada como cuando comenzó a salir con Tigresa. Llevaba en su bolsillo la pequeña caja que ya encontraría una oportunidad entregársela a su queridísima novia.

- Te ves muy feliz. – Dijo la chica mientras comenzaba a tomar apuntes de la clase.

- Es que compre algo genial. – Respondió el chico.

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