capitulo 35: Encantos ilegales

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Advertencia: Contenido Explícito para Adultos (+18)

El siguiente capítulo contiene descripciones explícitas de contenido sexual que pueden resultar ofensivas o no ser del agrado de todos los lectores.

Se recomienda discreción. Si este tipo de material no es de tu interés o te resulta incómodo, por favor, abstente de continuar leyendo.

Este contenido se presenta únicamente con fines de entretenimiento y no pretende glorificar ni idealizar actos sexuales.

Leer bajo su propia responsabilidad.

Desde mi escritorio, la invasión floral parecía no tener fin. Cada día, un nuevo y ostentoso arreglo llegaba para sumarse a la jungla que comenzaba a apoderarse de mi oficina. Luego estaban los dulces... cajas de chocolates belgas, macarons de colores imposibles, incluso una ridícula torre de gomitas. Y las cartas... pergaminos perfumados con cursilerías dignas de un poeta adolescente enamorado. Todo cortesía de Jeon Jungkook, en su patético intento por congraciarse conmigo después de su comportamiento de cavernícola.

Yo, por supuesto, lo ignoraba olímpicamente. Borraba sus mensajes sin leerlos, regalaba las flores a la primera alma caritativa que se cruzaba por mi camino y dejaba que Yoongi se diera un festín con sus empalagosas ofrendas.

- ¿No crees que Jungkook está un poquito... derretido por ti? - me preguntó Yoongi un día, mordisqueando un bombón de licor con una sonrisa maliciosa -. Parece un perrito faldero, solo que más grande y con más dinero para flores.

Puse los ojos en blanco. Las "bromas" de Yoongi sobre la obsesión de Jungkook conmigo eran un goteo constante de sarcasmo ácido.

- Es casi... enternecedor lo desesperado que está. - continuó otro día, desenvolviendo un macarrón de lavanda con una mirada pensativa-. Aunque también da un poco de escalofríos. ¿Qué te verá? ¿Será que en la cama eres un demonio y lo tienes completamente atado?

La luz de la pantalla del computador iluminaba los documentos sobre el escritorio, un laberinto de pistas y perfiles que intentaba ordenar en mi cabeza. Estaba tan absorto en el caso que el sonido abrupto de la puerta abriéndose sin previo aviso me sacudió.

- ¡¿Se puede saber quién irrumpe así...?! - solté con fastidio, listo para reprender a quienquiera que fuera. Seguramente era Mina, mi asistente, olvidando una vez más las normas básicas de cortesía. Pero entonces, esa risa... inconfundible, profunda, reverberando en el aire como una caricia traviesa. Y esa voz...

- Vaya, detective Park... te ves tan concentrado que casi me dan ganas de cometer un crimen solo para que me interrogues con esa intensidad en la mirada.

Lentamente, muy lentamente, bajé la tapa del portátil. Ahí estaba él, apoyado en el umbral, esa sonrisa ladina curvándole los labios y un brillo travieso danzando en sus ojos oscuros. Y, por supuesto, otro exuberante ramo de flores entre sus manos. Esta vez eran orquídeas moradas, tan intensas como su mirada.

- Jungkook - dije, tratando de mantener mi voz firme a pesar del calor que empezaba a extenderse por mi nuca -. En serio, ya basta con las flores. A este paso, voy a tener que contratar un jardinero solo para cuidarlas. Y tu obsesión por mis 'intensas miradas' empieza a ser... preocupante.

El click de la cerradura resonó en la oficina, y mis ojos se entrecerraron al instante. ¿Qué se traía entre manos ahora?

- ¿Qué demonios estás haciendo, Jeon? - pregunté con un tono frío, cruzando los brazos sobre mi pecho -. ¿Y por qué has cerrado la puerta?
Jungkook se recostó contra la madera, con esa sonrisa suya que nunca llegaba a sus ojos oscuros.

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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora