3. De peticiones

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Cuando Ace pensó que tal vez ayudar a Deuce le causaría más problemas que beneficios, el tiempo gastado, dinero invertido en cosas que no eran su responsabilidad, estrés por cuidar a un montón de niños. 

Y sí, puede que un poco de eso fuera real, pero no tan malo como esperaba. La verdad es de que de alguna extraña manera parecía que enseñarle el comportamiento básico de niños a su amigo era entretenido, lo refrescaba al hacerlo salir de su rutina y zona de confort. 

Como ahora mismo que se encontraba decorando un papel con su nombre usando colores, plumones y estampas de Deuce, quien se encontraba haciendo lo mismo. A decir verdad, es que le sorprendía y orgullecía lo rápido que Deuce aprendía a lidiar con los niños, suponía que el sentirlo cerca hacia que su amigo se sintiera un poco más seguro y confiado, si algo pasaba podía recurrir a Ace. 

Una de las primeras actividades que Deuce había designado para los niños era decorar unos gafetes con sus nombres, incluso estaba haciendo el propio y le dio uno a Ace, los niños tenían que decidir entre colorear las letras, hacer dibujos o lo que les hiciera en gana, siempre y cuando Deuce pudiera entender sus nombres y aprenderlos. Él creyó que si Ace seguía ayudándolo, también necesitaría de un gafete. 

Por ahora la cosa  le iba saliendo bien. Todos los niños estaban tranquilos con la hoja de papel que Deuce les entrego. El peliazul había podido conseguir una silla prestada para que su amigo pudiera estar junto a él y no se lastimara la espalda al sentarse en una de las sillas pequeñas que usaban los niños. 

—¿Entonces todavía no logras escribir nada?

Ace suspiro decaído. —No, nada de nada. 

—¿Nada de nada?

—Nada de nada.

El maestro hizo un mohín con los labios sin saber muy bien como realizar la siguiente pregunta sin que los niños entendieran nada de lo que diga. 

—¿Ni siquiera sobre, ya sabes, los temas privados maduros donde las personas se conocen en un ámbito más elevado respecto a sus preferencias en aquel mueble donde se suele descansar?

Ace miro a Deuce como si estuviera loco, sin entender el porqué su amigo empezaba a hablar tan formal. Hasta que repaso todas  sus palabras mentalmente y un sonrojo se apodero de sus mejillas, volteando hacia los niños, quienes no les hacían caso, mas de Dai que de alguna manera había notado su nerviosísimo y se aseguraba si estaba bien. 

—No, ni siquiera tengo inspiración para eso. 

—Tal vez porque te hace mucha falta una bie...

—¡Deuce! —Ace susurro con apuro, casi como un grito susurrado, esperando no llamar la atención de los niños. 

El mencionado alzó las manos. —Yo sólo digo que i necesitas inspiración busca tus propias aventuras, hace tiempo que no vas a acampar, ni a entrenar, ni de viaje, ya ni siquiera peleas con tu abuelo. 

Ace hizo una cara de preocupación al entender al punto al que se dirigía Deuce. 

—¿Estoy envejeciendo más rápido de lo que debería? —preguntó totalmente agobiado. 

El otro asintió de forma lenta. 

—¿Sabes que nos vendría bien a ambos? —Ace se encogió de hombros, esperando que Deuce continuará—. Unas copas, hace poco conocí a un hombre y me invito a un club, podría aceptarle la salida y llevarte a ti de paso, tal vez puedas conocer a alguien y tener inspiración para tu alter ego. 

BORED {One piece}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora