Raon observaba con la mirada fija en la silueta que se recortaba en el horizonte: la isla se alzaba imponente frente a ellos, envuelta en una bruma espesa. El aire se cargaba de energía, y su determinación crecía con cada segundo que pasaba.
-¡Bien, dragón rojo! ¡Hacia esa isla, vamos! -exclamó Raon, sin apartar la vista de su destino ni un instante.
-¡Dragón rojo, vamos, no perdamos tiempo! -insistió, mientras su mirada brillaba con intensidad-. ¡Los reduciremos a pulpa! Aprenderán por las malas que jamás es buena idea meterse con nuestra familia.
A su lado, Cale soltó un leve chasquido de lengua, mezcla de diversión y astucia ante esas palabras llenas de ímpetu. Su forma de ver las cosas era muy distinta, y una sonrisa traviesa, casi pícara, se dibujó en sus labios mientras la energía mágica a su alrededor vibraba y se agitaba con más fuerza, como si compartiera su estado de ánimo.
-Esa no es nuestra forma de actuar -respondió con tono desenfadado, aunque con una claridad absoluta-. Nosotros solo los golpearemos con fuerza y luego nos iremos. Atacaremos cuando menos lo esperen, por la espalda, y desapareceremos antes de que sepan qué pasó.
Raon lo miró con cierta confusión, la energía combativa que lo llenaba ahora mezclada con duda. No lograba entender por qué no enfrentarían la situación abiertamente, como correspondía a quienes tenían el poder que ellos poseían.
-¿Acaso no vamos a pelear de verdad? -preguntó, con el ceño ligeramente fruncido.
Cale lo miró de reojo, y antes de responder, dejó escapar una risa corta y suave, llena de inteligencia práctica.
-¿Por qué habríamos de hacerlo de otra manera si esta es la que mejor nos funciona? -dijo con calma.
Acto seguido, se giró completamente para mirar a cada uno de los miembros de su grupo. Percibía con claridad la inquietud que pesaba sobre ellos; sabía que temían por su seguridad, que el peligro de lo que se avecinaba les causaba preocupación. Se detuvo un instante, y en ese breve silencio, utilizó su magia para hacer llegar sus palabras directamente a sus mentes, con un tono firme pero reconfortante, que todos pudieran escuchar sin pronunciar sonido alguno: "Procedan con precaución. No se expongan a riesgos innecesarios ni pongan en peligro sus vidas a menos que sea absolutamente necesario".
Al recibir ese mensaje directo y lleno de cuidado, la tensión que los envolvía se alivió de inmediato. Todos y cada uno de ellos no pudieron evitar esbozar una sonrisa ligera, tranquila y llena de confianza, pues sabían que, pasara lo que pasara, Cale estaría bien.
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Mientras tanto, en la lejanía, Eruhaben se mantenía inmóvil. Había comprobado con absoluta certeza que Ron había cumplido con éxito su objetivo: el hombre se había convertido ya en un nigromante, tal como estaba planeado. Sin embargo, esa confirmación no trajo paz a su mente. Permaneció en silencio, y sus ojos recorrieron una vez más cada rincón del lugar que tenía ante sí: la vasta cueva, las construcciones dispersas, los caminos trazados con intención y cada una de las criaturas que habitaban allí.
Podía sentir la vigilancia constante: desde la distancia, los lobos lo observaban sin descanso, atentos a cada uno de sus movimientos, como si esperaran la más mínima señal para actuar. Pero lo que más llamaba su atención, lo que pesaba más en su percepción, era la inmensa cantidad de energía mágica que impregnaba el aire, las piedras, cada rincón y cada rincón de aquel territorio. Era una fuerza abrumadora, y la razón era evidente: provenía de los dos jóvenes dragones que había tenido oportunidad de ver poco antes.
Sin embargo, y por más que intentaba centrarse en todo lo demás, su pensamiento regresaba una y otra vez a Cale. Era indiscutible que se trataba de un dragón joven, con una apariencia física que parecía rondar los dieciocho años de edad. Pero cuanto más lo observaba y más analizaba su esencia, más crecía su confusión. No lograba comprender cómo era posible que, a pesar de tener esa edad y ese poder latente, no mostraba ni el menor indicio de haber atravesado aún su primera fase de crecimiento, ese paso fundamental que definía la evolución de su especie.
Sin darse cuenta, Eruhaben frunció el ceño, invadido por una sensación de extrañeza profunda.
Era algo fuera de lo común.
Era, sencillamente, demasiado extraño.
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a hidden empire
FanfictionUn mundo alternativo en donde og cale es secuestrado después de ir con su madre a la aldea harris... ¿Cale es un dragón? . . . . Fic de la novela trash of the count's family
