4 temporada

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- ¡Ésto es alucinante!. Todavía no entiendo cómo se ha podido enterar. Parece que tiene poderes...

Iván comenzó a subir la escalera principal del internado, murmurando palabras malsonantes y quejándose por la mala suerte que esa noche parecía planear sobre su cabeza. Estaba cansado y tenía sueño. Lo único que deseaba era una cama, una pastilla para el dolor de cabeza y 7 horas ininterrumpidas de calma y silencio. 7 horas, que desde luego, no tenía.

Aquel día hubiera sido un día normal, rutinariamente largo y aburrido, si no hubiera sido por Julia y la repelente debilidad que Iván parecía sufirir cuando estaba delante de ella.

Porque eso era lo que pasaba. No había otra explicación. Eso era simplemente lo que sucedía.

Era el motivo por el cual había ido a buscar a Julia cuando el resto de sus compañeros la habían acorralado exigiéndole el maldito usb, que desde un principio, sabía que no tenía. Era el pretexto por el cual la había besado aunque su razocinio y sensatez, la poca de la que podía hacer gala, le ordenasen a gritos que se alejase de ella. Era la razón por la que había sucumbido a sus lagrimas, a su cara de tristeza y su tono lastimero y la había propuesto, no, prometido, que iba a ayudarla a descubrir qué había sucedido exactamente con su padre. Y desde luego era la causa de que aquella noche de acontecimientos imprevistos, en vez estar durmiendo en su habitación como cualquier otra noche, hubiera decidido jugar a los detectives, y ya de paso, cometer unos cuantos delitos.

Iván volvió a mirar su reloj. Las 5:20 de la mañana. Sus deseos de sueño reparador y tranquilidad momentanea, deberían esperar hasta el día siguiente.

- Ya verás. Dos semanas de cuadras como mínimo. ¡Cómo me entere de quién...!

Extrañado, Iván se detuvo sobre el quinto escalón, y apoyado sobre la barandilla, giró la cabeza hacia atrás. Sorprendido por el silencio de Julia y por la ausencia del ruido que sus pasos deberían producir sobre la madera, frunció el ceño y se fijó detenidamente en la chica. Julia permanecía al pie de la escalera, inmóvil, con el semblante serio y la mirada perdida. En su mano sostenía la cinta que aquella noche habían logrado robar del bufete de abogados donde trabajaba su padre e Iván supo, que también era el motivo por el que Julia había estado desde entonces ausente y distraida.

- ¿Qué pasa Casper?, ¿has visto un fantasma?.

Julia no se inmuto.

- ¡Ey, Cazafantasmas!. Te recuerdo que las habitaciones están por aquí.

Pero Julia continuó sin moverse. E Iván se sintió estúpido.

Estaba hablando solo. Bueno, no, con Julia, pero ella sencillamente le ignoraba.

El enfado de Iván aumento. ¿Qué coño le pasaba?.

Podría marcharse a su habitación, olvidarse de ella, de esa noche, y dormir las dos horas que faltaban hasta que tuviera que levantarse. Pero Elsa había dejado explícitamente claro que si les encontraba en cualquier lugar del internado que no fueran sus habitaciones, las cuadras se convertirían en su segunda casa durante tiempo indefinido. Además, había sido él quien había propuesto invertir sus horas de sueño en hallanar una propiedad privada y robar información confidencial. Culpabilidad, remordimientos, curiosidad...¿Qué más daba?. Ya analizaría los motivos en otra ocasión.

Iván bajó los escalones que le separaban de Julia, y tratando de disimular una preocupación delatora, se situó enfrente suya.

¡Julia! - la llamó. Una vez más, la chica no emitió palabra alguna - Julia, ¿estás bien?, ¿qué te pasa?.

Iván posó su mano sobre el hombro de Julia, y la chica, sorprendida, alzó la cabeza y le miró durante unos segundos. Con gesto confuso, se sentó sobre uno de los escalones. Iván resopló.

- Joder.

Mirando hacia ambos lados, comprobó que nadie les veía. Se sentó a su lado.

- ¿Te das cuenta? - preguntó la chica, en apenas un susurro.

- ¿De qué?.

- Mi padre...La cinta...

Julia suspiró. E Iván lo comprendió todo.

- Son las imágenes del día en el que mi padre murió. Voy a verle. Otra vez.

- Bueno, puedes no hacerlo, podemos deshacernos de ella. No le diremos nada a los demás.

- No- contestó firmemente- No. Yo...quiero verle. Tal vez...bueno, tal vez podamos encontrar algo que diga lo qué pasó. No se, puede que incluso sepamos quién fue su asesino.

- ¿Todavía sigues pensando que a tu padre lo asesinaron?.

Julia le miró de reojo, tensando la mandíbula.

- Mira Iván, sé...bueno, se que no me crees, que te resulta difícil, pero...

- Julia- la detuvo - Te lo he dicho esta mañana. No entiendo todo ese rollo de los fantasmas, y la verdad, casi prefiero no entenderlo, pero te recuerdo que tenemos dos semanas de cuadras por habernos escapado esta noche para ir hasta el bufete de tu padre.

Julia apoyó la cabeza entre sus manos.

- ¿Y todo para qué?. Para no encontrar nada. La carpeta de Sandra Pazos estaba vacía.

- ¿Y crees que es una casualidad?. Al menos sabemos que tu padre era el abogado de Sandra. Esos cabrones habrán hecho desaparecer las pruebas.

- Y puede que también le hiceran desaparecer a él.

Iván se estremecioó ante la crudeza de sus palabras. No supo queé contestar. Miró a Julia. Tenia la tez pálida y los ojos llorosos. Sabía que estaba haciendo esfuerzos por contenerse y no derrumbarse ante él. Iván lo agradecía. No le gustaba verla llorar.

-Julia...

La chica apretó los puños, los nudillos blancos de la fuerzas con la que clavaba sus uñas en la piel. Y no supo por qué lo hizo. Una vez más prefirió ignorar los motivos porque sabía, en el fondo sabía , que si se paraba a analizarlos, a comprender detalladamante lo qué sentía, no se atrevería a hacerlo.

Tímidamente acercó su mano a la de Julia, apoyada sobre sus piernas. Y la acarició. Un simple roce. Extendió el dedo pulgar, y sin apartar los ojos de la piel, casi hipnotizado, acarició su muñeca.

Ambos dieron un respingo. Ella ante la sorpresa del contacto. Él ante los sentimientos que éste le producía.

Iván retiró rápidamente la mano y se levantó.

- Yo...- tatamudeó- Bueno, este...Yo creo que seria mejor irse a dormir. Elsa...Falta poco...Bueno, pues...me voy.

Julia no se atrevió a mirarle.

- Si...claro. Yo...también

Pero Julia no se movió.

E Iván metió sus manos en los bolsillos, las volvió a sacar, se rascó el cuello, y se preguntó qué carajos hacer con ellas. Las sentía extrañas, ajenas, torpes. Parecían encajar tan bien sobre la muñeca de Julia, tener una función tan precisa y eficaz acariciándola...

Iván comenzó a subir las escaleras.

- Iván-susurró Julia, lo suficientemente alto como para que Iván se parase aunque sin darse la vuelta.

- ¿Sí?.

- Gracias

Iván frunció el ceño, extrañado. ¿Gracias?, ¿ por qué?.

- Gracias por acompañarme.

Ambos se quedaron en silencio. Sin mirarse. Expectantes

Iván sonrió.

- Yo siempre cumplo mis promesas, Casper.

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