Capítulo 21

14.3K 1.9K 464
                                        

Un capítulo visto desde la perspectiva de Lior.

*

*

Mamá y papá llevaban tiempo separados cuando conocí a Gabriel. Recordaba que mamá tenía esa ternura natural, una templanza y calidez conmovedora, mientras que papá era más frígido, tan escueto e inexpresivo como una piedra.

Aunque era omega, mi padre siempre ignoró eso. Compórtate como un alfa, enderézate, no muestres tus emociones, haz que los demás te tengan miedo. En ese tiempo, en el que no me conocía y no sabía quién era realmente, si no fuera por mi celo, verme en el espejo solo reflejaba para mí a un poderoso alfa.

Aunque quería creer que la personalidad no influía en el comportamiento de un omega o alfa, la fachada que mostré ante todos fue perfecta. Como mi rostro no resultaba tan afeminado y dulce, recordaba con alivio la cara orgullosa de mi padre, que parecía agradecido de que su único hijo no siguiera la misma rama peligrosa de todos los omegas.

Sin embargo el tiempo mejoraba, la vida moderna nos había dado una nueva vida a los omegas y empezaba a crecer un respeto colectivo, sin embargo papá seguía pensando que mi instinto me volvería blando y sugestionable en cualquier momento, de modo que me crió como un alfa y puso sobre mis hombros todas las responsabilidades y la dureza de uno.

Todo cambió cuando me enamoré de Gabriel, porque por fin vi una franja de lo que era la realidad.

Los alfas allá afuera ya no eran como mi padre, que era inflexible con los omegas y muy conservador, pero irremediablemente ya era como él. No me asemejaba en nada a Gabriel, que era dulce y amable, pero él me quería como era, a pesar de que era diferente a todos los omegas tiernos que pululaban a su alrededor.

Así, aunque poco a poco construí un refugio a su lado en donde me permitía ser como quería, sin ocultar mis sentimientos, sentí que nadie como él sería capaz de entenderme. Mi madre regresó en algún momento de mi vida y logró ablandarme más, pero yo ya era la cascara de un hombre indiferente y egoísta.

Sabía que mis actitudes podían llegar a molestar a Gabriel, y por eso me esforcé en demostrarle que, a pesar de todo, el hombre detrás del escritorio era solo una pequeña parte de lo que guardaba en mi interior puesto que yo lo amaba, incondicional y fielmente. Y nadie más que él

vería esta faceta que había logrado sacar de mí porque sentía que le pertenecía, esa parte que yo hace mucho no sabía que existía.

Conocerlo me salvo de ser como mi padre, pero amarlo tanto hizo que ignorara el lado que él ocultaba. Con el tiempo me conformé con la idea de que su forma de amarme era la adecuada para mí, atento y dedicado pero distante, eso era suficiente.

Por mucho tiempo pensé que sería el único hombre que me querría, pero al enterarme de su infidelidad comprendí que nadie más me amaría como lo sería un buen mentiroso. Lo había hecho bien, me lo había creído.

Gabriel ya no me amaba.

*


*

Entre sus brazos no me importaba nada más que él, pero no podía sacarme del pecho una desazón que me carcomía lentamente. El vientre lo sentía caliente y apretado, y cuando llegamos no podía parar de frotarme contra su cuello. Sus feromonas eran fuertes y me gustaban y yo solo, en una bochornosa confesión, quería que me hiciera el amor ahí mismo.

Inclinándome hacia adelante, sentí una oleada de calor atravesando mi cuerpo. El estímulo del celo me golpeó tan fuerte que el auto se llenó de feromonas y Gabriel se apresuró a sacarme. ¿Me llevaría a la habitación?, él era un alfa, no podía resistirse, si seguíamos juntos un poco más de tiempo pasaría conmigo todo mi celo.

El pensamiento de tenerlo para mí por unos días me hizo feliz. Nosotros hace tiempo no pasábamos un día entero juntos, una noche, ni siquiera un momento especial más que una comida o una salida. Si podía mantenerlo a mi lado a sabiendas de que era a causa de mi ciclo, lo haría, si lograba que me viera con pasión ardida a causa de mis feromonas, lo haría, sin duda, si pudiese ver el rostro que hace mucho tiempo no recordaba, yo daría todo.

Acercándonos a la habitación, observé a Bretta detrás de nosotros con un semblante preocupado surcando su rostro. No me gustaba que fuera tan entrometida en mi vida, pero ella parecía ser la única persona que entendía, en silencio, como me sentía por dentro. Estaba seguro de que pensaba que era algún otro problema del amo solitario y triste, pero me parecía muy obvio de su parte la falta de escrúpulos que tenía cuando intentaba animarme con algún comentario innecesario.

A medida que nos acercábamos el calor de mi cuerpo se hizo más intenso. Quería que lo hiciera rápido, si cerraba la puerta del cuarto y nos quedábamos ahí y me quitaba la ropa y me besaba, quería que fuese ya antes de que empezara a quemarme.

Tragándome un chillido, sentí una pegajosa bola de saliva pegándose a mi paladar. Mis piernas vibrantes, débiles al estímulo, empezaron a temblar mientras que caía entre ellas la humedad de mi interior.

—Por favor —supliqué, atormentado por esa inesperada soledad que me sacudió cuando me dejó sobre la fría sabana—, tócame un poco más.

Anclándome a la calidez de su palma, la lleve a través de la camisa blanca que vestía mi pecho. Ese latido desenfrenado, galopar de un corazón ansioso y preocupado, era por ti. ¿Lo sentías cierto? La mirada anhelante que te suplica que te quedes, estas lágrimas que no puedo contener y este dolor...¿tú...te quedarías?

—Lo siento, no puedo quedarme —¿por qué?—, no me dijiste que tenías tu celo. Llamaré a tu criada para que este pendiente.

¿Era mi culpa? ¿Realmente no existía algo que nos pudiera unir? Y si te dijera que sabía que no me amabas y aun así te quería... ¿lo harías? Viéndote salir, una desesperación se hinchó bajo mi corazón... ¿aceptaría con resignación la verdad que hace tiempo ignoraba o me arrodillaría frente a ti a suplicarte lo que había perdido?

Levantándome de la cama a paso tambaleante, salí y lo miré en la entrada de la sala. Acercándome, agarré con fuerza la camisa de Gabriel y puse las rodillas sobre el suelo.

—Por favor —sollocé. Me odiaba ahora mismo por el dolor que caía sobre mí al humillarme, pero el dolor que me atravesaba ante tu rechazo lo era aún más, ¿qué debía hacer?—. Márcame si quieres.

¿Quién pagaría por verme sufriendo? Mi asistente, mis empleados, morirían de vergüenza al contemplarme. La persona que este momento no quería pensar, se reiría de mí. Mi padre me vería con desagrado, y ¿tú? ¿te conmoverías por este acto?

Viendo que te acercabas a mi rostro, imaginé que me besabas y me decías que lo sentías. Tu estabas bromeando, pasarías el celo conmigo y me dirías que me amabas, entonces lloraría y sería tan dichoso, preguntándome si alguna vez fui tan feliz como ahora...

—Tengo que irme.

Tomando mis manos, sentí sobre ellos el uso de una fuerza que nunca antes había experimentado. Sus dedos, enroscados alrededor de mi muñeca dolieron, y entonces me soltó.

—Encárgate de él.

Nunca pensé verlo en su rostro, resplandecía tan bello, con una sonrisa amable y tierna, que no reconocí esa oscura sombra que se cernía sobre su entrecejo. Acercándose hacia mi doliente postura, Bretta intentó ayudarme a levantar, pero mientras más se hacía claro tu rechazo, más se me venía el nombre del sentimiento que buscaba.

—No dejes que se vaya —Te doy asco—, ¡no dejes que se vaya por favor —Te desagrado, me miras por debajo, como si fuese una sucia mancha, te doy pena—. Por favor...

Apretándome a la falda que no me dejaba ir hacia él, encontré anonadado que sobre los ojos de Bretta resaltaban unas gruesas lágrimas. Hacia mi vino la imagen completa. Lloraba desconsolado, arrodillado frente a una empleada que me observaba y temblaba, y entonces entendí que me había convertido en alguien por quien sentir lástima, hastío, y una pena profunda.

Era la cáscara de un hombre que poco a poco se desmoronaba, revelando un vacío profundo, un hueco en el que depositar compasión.

Dominio Omega [Omegaverse BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora