Hoy dedicaremos este hermoso capítulo a #EricaAlejandraCalzad ¡Disfrútalo mucho!
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Enfundado en su ceñido traje de caza, completamente vestido de negro, con el cabello oscuro rozando ligeramente el comienzo de sus hombros y algunos mechones rebeldes invadiendo su frente. La espada atada a la cadera y sus ojos, sus bellísimos ojos turquesa. Caminaba casi arrastrando los pasos el hombre por el que pasaba las noches en vela y que cuando mi mente me permitía dormir, invadía mis sueños tornándolos en puro deseo.
Sus labios se movieron, pero mi subconsciente no procesó sus palabras.
-¿Qué?
-Y ahora estás sorda. Dije que hoy solo seremos nosotros, Andrés está en las afueras de la ciudad por órdenes del rey. –me importaba poco donde estuviera el rubio de los mil demonios. –hoy no tendremos mucha actividad, terminaremos rápido. Son también órdenes de su majestad. Al final del día tendremos invitados. –asentí, más para mí misma que para él. –Bien. Comencemos.
Desenvainamos e hicimos un leve juego de piernas evitando los ataques del otro, antes de dejar por completo las armas y centrarnos en el combate cuerpo a cuerpo. A Aaron se le olvidaban varias cosas al usar los puños conmigo, por ejemplo, que él tenía más experiencia que yo por ser un guerrero de Etteria. Que yo era más baja, más delgada, menos fuerte y menos diestra, que mi cuerpo era débil en comparación con sus golpes certeros. Aunque por alguna razón, y lo agradezco, yo era un poco ágil y casi nunca me alcanzaban sus puñetazos, casi siempre me rozaban los brazos antes de poder bloquearlos o esquivarlos, excepto uno.
Su mano derecha voló hasta mi lateral y, aunque intentó frenar el movimiento del brazo, me proporcionó un buen golpe en las costillas. En otro momento ni siquiera me habría dolido, pero con tantos días de esfuerzo físico y tantas noches de insomnio me derrumbé en el suelo.
-No aguantas nada. –me dijo para burlarse, pero se notaba la preocupación en su voz. Me tendió la mano para ayudarme a levantarme, pero la alejé de un manotazo.
-A veces se te olvida que no soy un saco de arena que puedas tirar y golpear como se te de la gana. Yo soy… -me cortó al instante.
-¿La princesa? ¿era eso lo que ibas a decir? –estaba tan agotado como yo.
-No, imbécil. Iba a decirte que yo soy una persona y que no tengo la misma práctica que tú para recibir golpes ¿Entiendes? –me levanté del suelo con las últimas fuerzas que me quedaban, porque me sentía ridícula discutiendo con él desde el suelo.
-¿A quién llamas imbécil? Te recuerdo que mi corona si es de verdad mía.
-¡Y la mía también me pertenece! –completamente de pie pero si nada que me sostuviera más que mi dignidad, me sentí en valor de decir algo que nunca antes me había creído capaz.
-Claro, la hija de una princesa olvidada por todos, o más bien, recordada solamente por quienes la odian.
-¡Te lavas la boca para hablar de mi madre! -¿Quién se cree para decir semejante cosa de quien llevó incluso una sangre más pura que la suya?
-Digo lo que me da la gana. –me señaló con el dedo, lo aparté enseguida. -¡Este es mi reino, mi palacio y tú eres mi…!
Mi...?
Su voz se quebró. ¿Qué era lo que iba a decir? Soy su... ¿qué?
Intentó retroceder, pero dio un tras pies y tropezó. Casi cae al suelo. Un poco ridículo. Mi turno.
-Y yo soy tu… ¿qué cosa, príncipe? –sus ojos azules pasaron de la sorpresa a analizar todo, pero esta vez no me analizaba a mí, si no sus propias palabras.
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Alas de oscuridad
FantasiaCuando Margoth se ve rodeada de mentiras que le han perseguido durante toda su vida y decide afrontar su verdadera identidad, los problemas no dejan de aparecer para complicarle aún más el total caos que es su vida. Desde su nacimiento ha sido marca...
