Capítulo 20

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En el pasillo no había nadie. Excepto los guardias que aguardaban en la puerta que ni siquiera voltearon a verme.

Comencé a caminar, pensando en lo ridícula que comenzaba a sentirme. Seguí el camino hacia mi habitación, subiendo las escaleras que quedaban en esa dirección. Estaba a unos metros del pasillo que daba paso a los tres cuartos, entonces una mano salió de algún lugar y me arrastró hacia dentro de una habitación.

Aaron me tenía atrapada entre su cuerpo y la pared, con ambas manos al lado de mi cuerpo, apoyadas en la pared. Impidiéndome marchar; tampoco es que quisiera hacerlo.

Me miraba directamente a los ojos con una sonrisa maliciosa sobre sus labios. Mi respiración era una locura gracias a la proximidad de su cuerpo, mientras a él se le veía calmado. Sus manos dejaron de estar en la pared y se posaron en mi cintura, desprendiendo calor hacia todo mi cuerpo. La expectación me estaba matando.

Y entonces, luego de unos segundos, se alejó de mí y comenzó a caminar en dirección opuesta. Se sentó en una mesa sobre la que había una pequeña lámpara; era la única luz en todo el lugar.

Eso me dejó desconcertada por completo, hasta que habló y su voz me trajo de vuelta.

-¿Por qué me seguiste? -¿Qué? Pensé que… está jugando conmigo, está claro.

-No te seguí. Iba para mi cuarto. No todo se trata sobre ti ¿sabes? –ahí tienes. Comencé a caminar alrededor esperando que me respondiera, el lugar parecía una biblioteca. -¿Por qué me arrastraste hasta este lugar? –pregunté aun de espaldas hacia él.

-Yo no te arrastré. Estás alucinando. –Está claro que si lo hizo.

-Pensé que tendrías algo que decirme, pero dices que no me arrastraste aquí ¿cierto?  -me giré hasta quedar de frente.

-Exacto. –asentí con la cabeza. A él se le veía sospesar sobre mis palabras, pero no dijo nada más. Y mirándole directamente a los ojos le dije:

-Entonces me voy.

Caminé hasta la puerta que estaba a unos pocos metros de mí, alcé la mano para tomar el picaporte, pensando que me detendría y…

Antes de llegar ni siquiera a tocar la puerta, su mano tomó mi brazo y me giró hasta que nuestros cuerpos quedaron a escasos centímetros de distancia.

Me miraba con ese misterio en sus ojos azules. Con la cabeza ladeada, analizándome. Debatiéndose entre lo que debía y lo que quería hacer.

-¿Me estás deteniendo o estoy alucinando otra vez? –entre el deseo y los nervios, mi voz salió en casi un susurro.

-No. Puedes irte en cualquier momento. –dijo al tiempo que su mano, anteriormente en mi brazo, recorría todo el camino hasta mi mejilla. Mi respiración estaba más acelerada de lo que lo estuvo en semanas de entrenamiento.

De algún modo mi mano derecha subió hasta su cuello y se detuvo allí. Comencé a acariciar el nacimiento de su cabello, en su nuca. Cerró los ojos un instante y su pecho subía y bajaba, aumentando cada vez más los intervalos; acelerando su respiración.

Su mano libre tomó la mía y detuvo mis caricias, mientras abría los ojos. No dijo nada, tampoco se movió. Solo se quedó allí; deteniéndome entre su cuerpo y la puerta, con una mano en mi mejilla y la otra acariciando levemente mis nudillos.

-¿Entonces por qué me lo impides? –entre todas las cosas extrañas que había en mi vida, Aaron tenía el primer lugar. Nunca sabía cómo comportarme a su alrededor; que hacer o que decir siempre era un enigma. Él era un enigma que yo era incapaz de resolver.         
   
-Porque no quiero que te alejes. –seis palabras. Bastaron seis palabras para darme cuenta de que realmente estaba enamorada de él y que no había nada más cierto que eso.

Sus labios encontraron los míos en un dulce y rápido beso, que duró poco más de unos segundos pero que se sintió como la dosis más pura de realidad que había tenido desde que lo conocí en Alyara hasta ese momento.

En cuanto se separó de mis labios sentí que me arrancaban algo y él, al notarlo, solo sonrió. Y para evitarme pensar en otra cosa que no fuera la mano que seguía en mi mejilla, intenté hablarle de otra cosa.

-¿Qué fue lo que estuvieron haciendo toda la tarde encerrados en ese lugar?

-Hablar.

-Ya sé. Pero, ¿de qué? –se acercó a la mesa, con una de mis manos entre las suyas, llevándome con él.

-No sé –se sentó directamente sobre la mesa y tocó en espacio a su lado para que hiciera lo mismo. –de cosas aburridas. Siéntate.

Lo hice.

-Si son algo así como secreto nacional, está bien, no preguntaré nada más –sonreí un poco.

-Si es algo así –dijo imitando ridículamente mi voz –como secreto nacional, estás entre las cinco primeras personas del reino que deberán saberlo: eres la princesa.

-Así que ya lo haz aceptado. –dije asintiendo levemente. A todo esto, mi mano seguía cautiva entre las suyas, solo la sostenía. Se sentía muy agradable.

-En mi defensa, diré que he sido forzado a hacerlo. –giró su rostro hacia mí y sonrió abiertamente. ¡La sonrisa más linda! Definitivamente prefiero esta faceta de Aaron. –Los soberanos del reino de TyBell llegarán esta semana. Habrá un banquete.

-¿El rey? –pregunté casi al instante.

-No lo sé, tal vez. Tal vez también tengan reina.

Es cierto. Luego de que la reina Elena falleciera, el rey nunca volvió a desposar a ninguna otra mujer y que en Etteria no hubiera reina no quiere decir que en los demás reinos tampoco la había.

-Siento mucho la muerte de tu mad… -interrumpió lo que estaba a punto de decir.

-Tal vez algún día tú seas nuestra reina. –dijo aun sonriendo y sin un asomo de burla en sus palabras.

-La reina será quien se case con Andrés –desvié la vista hacia la puerta mientras sonreía también.

-Yo no permitiré que te cases con Andrés –afirmó en un tono divertido.

-¡¿Q-Qué?! –estaba punto de reírme a carcajadas.

-A lo que me refiero es que, si quieres casarte con un príncipe, tendrá que ser otro. –dijo sugerentemente al tiempo que se inclinaba sobre mí. ¿Con que esas tenemos eh?

-Oh, ahora entiendo. En ese caso, creo que el príncipe Peter no es una mala opción. ¿Qué piensas al respecto? –dije, divertida.

Cuando el nombre de Peter llegó a sus oídos, desapareció de su rostro cualquier indicio de una sonrisa y, de un solo movimiento, se paró quedando frente a mí mientras yo seguía sentada sobre la mesa.

Espero que la escaza luz del lugar ayudara a ocultar el color que comenzaba a surgir en mis mejillas cuando ambas de sus manos llegaron a cada lado de mi cuerpo, sobre la superficie de la mesa, y sus penetrantes ojos azules, que estaban ahora a centímetros de distancia, se centraron en los míos, intimidándome.

-Jamás –su voz sonó estridentemente firme, aunque habló en un bajo susurro –vuelas a mencionar a ese imbécil mientras estás conmigo –acercó su rostro al mío y al instante sentí su respiración sobre mis labios –y menos cuando estoy a punto de besarte.

Se acercó aún más y cerré los ojos anticipando un beso que no llegó. Sentía su aliento rozando mi boca, pero cuando abrí los ojos se alejó hasta la puerta y con la mano en el picaporte, me miró y me dijo:

-Me cortas la inspiración, princesa. –salió sonriendo y me dejó allí plantada, pero volví a escuchar su voz en el pasillo –Vete a dormir, o llegarás tarde a tu sesión de entrenamiento.

Fue mi turno de sonreír.

⭐⭐⭐
¡Holaaaaa! ¿Cómo están mis hermosos lectores? ¿Cómo los trata el verano? Recuerden beber mucha agua en esta época del año. Bien, este capítulo nos muestra el acercamiento que están teniendo Aaron y Margoth. Además nos deja en la antesala de la entrada de nuevos personajes como ya les dije anteriormente. Espero que les haya gustado mucho y no olviden votar ⭐.
Un beso muy grande 😘
Arleen.

Alas de oscuridadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora