Aaron seguía sosteniéndome fuertemente por la cintura mientras me hacía retroceder hasta que mi espala dio con el tronco de un árbol. Entonces se separó, cogió aire y continuó besándome.
Me besaba desesperadamente al tiempo que mordía mi labio inferior.
El martilleo incesante de mi corazón dentro de mi pecho y la falta de oxígeno impedían a mi cerebro coordinar bien las cosas y lo único que podía escuchar era Aaron, Aaron, Aaron…
-No podemos continuar haciendo esto. –las palabras salieron de mi boca, aunque era todo lo contrario a lo que quería.
Soltó un pequeño quejido al separarme.
-¿Por qué? –dijo mirándome, ahogándome en el mar de sus ojos.
-Porque tarde o temprano alguien se dará cuenta. Imagina el escándalo, ellos no saben que no somos hermanos.
-Les diremos que no lo somos.
-¿Qué? –casi me atraganté.
-Les diremos que todo es mentira. –se encogió de hombros y luego soltó sonriendo: -Ya casi hay que volver dentro, el Sol se está poniendo así que ¿Por qué no cierras la boca y la usas para lo que mejor se te da?
Entonces volvió a atrapar mis labios.
-No me importa lo que tenga que hacer para poder estar todo el tiempo del mundo así, contigo.
Cuando entramos en el palacio, fuimos llamados por el rey, así que fuimos hasta el salón del trono.
Dentro se encontraban su majestad, el rey Arnold y a su lado estaban el rey Hugo, Andrés y Peter.
-¿Qué ocurre? –preguntó Aaron.
-Están a punto de llegar –dijo Peter mientras Andrés rodaba los ojos en su dirección.
Supe enseguida que se trataba del rey de Las Tierras de Luz, o más bien la reina.
En ese momento se abrieron las inmensas puertas del gran salón del trono, las cuales fueron atravesadas por una imponente mujer de cabellos rojos y mirada recia.
Aquella mujer, que llevaba en su cabeza una hermosa corona incrustada de rubíes, iba seguida de una chica muy baja y de complexión delgada, también de cabellos muy rojos.
-Kathya –se adelantó el rey Arnold –cuanto tiempo sin verte ¿Cómo estás? –dijo estrechando su mano cordialmente –siento mucho lo de tu esposo.
-Corren los rumores de que la reina Kathya asesinó al rey mientras dormía –me sorprendió escuchar, en un susurro, la voz de Aaron.
Reí por lo bajo.
-Gracias Arnold, y gracias por darme la bienvenida. – le respondió la reina.
-Gracias a ti por venir. ¿Es esta tu hija? –dijo el rey señalando a la chica que prácticamente se escondía detrás de la reina Kathya.
-Si, Kayla, acércate.
La chica dio unos pocos pasos hasta llegar junto a su majestad e hizo una reverencia.
-Ah, Hugo, me temo que no te había visto. –la reina Kathya habló con un poco de hastío en su voz y miró por encima de su hombro al rey Hugo que aguardaba a un metro de distancia de donde tenía lugar la peculiar conversación.
-¡OH Kathya! Te llaman la reina astuta pero la verdad es que se te escapan las cosas más sencillas. –Hugo sonrió con suficiencia y añadió –Has venido hasta este lugar con el propósito de reunirte conmigo, por supuesto que estoy aquí.
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Alas de oscuridad
FantasíaCuando Margoth se ve rodeada de mentiras que le han perseguido durante toda su vida y decide afrontar su verdadera identidad, los problemas no dejan de aparecer para complicarle aún más el total caos que es su vida. Desde su nacimiento ha sido marca...
