Capítulo 36

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El sonido fue suave, pero al ser un pasillo algo abandonado, pues no había muchas razones para subir al rededor de 7 pisos de escaleras, el crujido leve y común se extendió con suavidad durante unos segundos, dándoles la bienvenida a la habitación antes de que entraran y la puerta se desvaneciera nuevamente.

La vista fue familiar, reconfortante de una manera curiosa a la que ya se estaban acostumbrando, era la sala común de siempre, lo suficientemente grande para que todos se reunieran sin problema, llena de calidez, alfombras y muchos sofás de diferentes colores y algún intercambio de texturas, sin embargo todos combinaban, Harry se había asegurado de ello.

Sorprendente teniendo en cuenta que había rojos, blancos, azules, morados, verdes y amarillos repartidos en diferentes lugares, pero ninguno resaltaba incorrectamente, una armonía clave distribuida de manera sencilla, dándole espacio a las diferentes mesas y a la gran chimenea que brindaba calor a todo el salón.

De momento estaban solo ellos dos, o eso creyó hasta que su hermano lo detuvo con un pequeño jalón en la correa de su mochila, fue allí que se dio cuenta de adónde señalaba su gemelo, Harry estaba en silencio, acurrucado en el sofá con fuerza.

¿Tal vez tenía algo de frío? Bueno, estaba lejos de la chimenea, en el sofá más cercano a la puerta, en realidad, y también se veía un poco desanimado.

Ni siquiera había levantado la mirada para saludar, y él se preocupaba demasiado por los modales como para desechar esa acción sin razón aparente, a menos que fuera por un libro, pero él no estaba leyendo.

George le devolvió la mirada antes de asentir, sabiendo que algo había pasado; redujeron un poco su volumen con ya gran facilidad, sabiendo que su hermano podía estar sensible.

Antes esto no les había importado, la madriguera y la sala común de Gryffindor siempre eran lugares bulliciosos, y ellos encajaban y hasta resaltaban allí. Fue la enfermedad de Harry quien les hizo callar por primera vez, y desde entonces se dieron cuenta de lo maravilloso que era el silencio.

Ya no tenían que tener ruido en su laboratorio personal o estudiar en medio de conversaciones porque el vacío se sentía mal, ahora entendían lo valioso de respirar en calma mientras se disfrutaba un buen libro, su caos ahora tenía sentido, estaban orgullosos del gran cambio que había provocado un poco de tranquilidad en sus vidas, y todo por el pequeño niño que estaba allí.

Y parecía necesitar su ayuda.

George tomó su bolso para luego dirigirse directamente a la mesa redonda que usan la mayoría de las veces, baja, lo suficiente para sentarse en la peluda alfombra borgoña y usar el agradable mueble café para hacer sus deberes, o investigar para sus inventos.

Él, mientras tanto, se dirigió a la otra persona en su habitación, su pequeña luz.

Se aseguró de hacer sus pasos sonoros y carraspear un poco para no tomarlo por sorpresa, quería evitar la etapa de un Harry muerto de nervios y ahogado en adrenalina si podía.

—Hola, pequeño hermano— saludó inclinando su cabeza para intentar encontrar la mirada avergonzada detrás de su larga cabellera negra, hermosa y cuidada incluso cuando su dueño se sentía decaído.

No fue de inmediato, pero no tuvo que esperar mucho antes de que, lentamente, con negación y timidez en cantidades iguales, se encontrara con unos ojos esmeralda.

Ocultó su preocupación con una sonrisa amable cuando notó que había estado llorado, sus ojos estaban hinchados y rojizos, sus mejillas empapadas en lo poco que podía ver, y se movía lentamente, como si su cuerpo le pesara.

No era el mejor estado, sobre todo al recordar como las chicas hablaban de su comportamiento en los ataques de pánico, como si su cuerpo no respondiera, ni fuera suyo, pero le había mirado, y reconocido, y eso, en lo mínimo, era un alivio, no era el peor estado en el que podía estar ,y él estaba allí para animarlo y mejorar esto.

Buena esposaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora