Capítulo 37

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Es una noche oscura, nublada y con poca luz de luna, un ambiente desprendido de su natural belleza por los edificios mugrosos y grises, las calles pavimentadas y los contenedores de basura mal usados, sin embargo no es extraño, y tampoco diferente a muchos otros pasadizos, solo un callejón más en Londres.

Sin embargo, si no fuera por el estado deplorable entonces no sería un buen lugar para ocultarse.

Menos para el gran perro que merodea por las esquinas de la calle buscando un escondite, una zona sola y oscura donde su pelaje negro también pueda camuflarse, sin importarle la condición del lugar, no es que tema ensuciarse cuando él mismo no está de lo más limpio.

Nada de eso importa cuando su objetivo es estar seguro al menos un pequeño instante, por eso no tardó en mirar a su alrededor, analizar las pocas personas que pasaban afuera y todo movimiento detectado antes de si quiera pensar en entrar.

No tuvo mucha suerte encontrando comida, pero era un buen lugar, cerrado, sin visitantes, un callejón abandonado que solo los tontos y los desesperados elegirían cuando había mejores opciones más adelante. Sin embargo incluso así, solo se sintió tranquilo cuando espantó con sus gruñidos hasta la última rata, sin querer ver el más mínimo rastro de un roedor.

Una vez todo estuvo revisado por fin, después de tanto tiempo, tomó un respiro, y con un último vistazo paranoico se transformó, dejando atrás su forma peluda a cambio de un hombre delgado y andrajoso, lleno de suciedad y debilidad.

Con prontitud estaba apoyado en la pared, respirando con profundidad, pero a la vez lo más relajado que podía permitirse, su mirada cansada y con ojeras se deslizó arriba, al cielo oscuro, una planicie nublada sin estrellas, luna o farolas, y aunque no era luna llena, no puede evitar pensar en Moony.

Eso solo desencadeno más pensamientos, una avalancha que él no era capaz de detener.

Oh, era maravilloso, reír a carcajadas ladradas, tener bromas y referencias internas, y lo mejor, correr en el bosque de noche, sin importar el sueño al día siguiente o las marcas por los moretones, no importaba cuando estaba esa sensación de libertad, el viento en su pelaje, las divertidas carreras.

Él, rodeado de amigos y lleno de esperanza por todo lo que podía pasar en el futuro.

Vaya que no salió como lo pensaba.

Cerró los ojos con dolor, el pasado es su lugar seguro, pero sabe que no puede tener en esos pensamientos o se quedará en recuerdos por mucho tiempo, tiempo que no puede tomarse o será atrapado.

Es, después de todo, un maldito fugitivo oculto en el mundo muggle, huyendo de todo y todos, solo pudiendo recurrir a los callejones abandonados con poca luz para cambiar de forma y detenerse al menos un minuto, el lado bueno es que al menos el callejón no huele peor que él.

Bien, tiene que concentrarse, sin embargo pensar en el presente tampoco es muy útil, tiene hambre, frío, dolor y se siente solo.

Lo peor es la soledad, de eso esta seguro.

Es demasiado extraño cómo cambió todo de un momento para el otro.

Apenas puede visualizarlo, memorias que flotan con dificultad, pero se aferró a esos recuerdos con fiereza, luchando con una determinación que pocos podían mantener en ese infierno, evitando por poco que los dementores se los quitaran, aunque sí los habían distorsionado un poco.

Era un auror en la guerra, nada muy feliz, pero se esforzaba, era diferente a sus padres y todos a su alrededor, fiel, leal, valiente y temerario, avanzando en busca de aquellos que dañaban el mundo; era difícil, pero estaba orgulloso de su papel en la guerra.

Buena esposaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora