- No sé quienes se creen que son, pero no tienen ningún derecho de intentar hacer cambios en mi vida, que ni se los he pedido y mucho menos quiero, así que - Con un jalón de cabello que casi me hace perder el balance pierdo el rumbo de mis palabras...
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Salgo del baño desnuda, ya que, estoy segura que la ropa no durará en mi cuerpo mucho tiempo de todas formas.
Cruzando los dedos para que ellos no sospechen que mi periodo se había terminado hace varios días atrás, me encamino hacia ellos.
Tomo una respiración profunda, exhalando todos mis nervios y cruzo la puerta de mi habitación para dirigirme a la sala.
Camino lentamente siendo en extremo consciente de mi desnudez, pero sin cubrir ninguna parte de mi cuerpo, les molesta cuando lo hago porque dicen que los privo de lo que les pertenece y lo que menos quiero en este momento es ser castigada.
Debo tragarme mi timidez, después de todo lo que hemos hecho y me han hecho decir, ya no tiene sentido el que siga haciendo eso a su alrededor.
En el instante en el que llego a la sala, soy paralizada de manera inmediata por la mirada penetrante y depredadora de ambos.
Los dos están solo con su pantalón de chándal y nada más, sus cuerpos son tan definidos y tonificados y todo el arte que tienen adornando su piel es definitivamente un regalo para la vista de cualquiera, así que, al igual que ellos los recorro con mis ojos.
Me parece increíble que a pesar de todo el tiempo que hemos compartido y después de todas las actividades sexuales a las que fui sometida, aún tienen el poder de dejarme sin aliento.
Los observo mirarme de arriba abajo, escudriñando cada parte de mi cuerpo, inhalo profundamente en el momento en el que Theo me hace una seña para que me acerque.
Retomo mi andar hacia ellos, con cada vello de mi cuerpo erizado, sabiendo lo que me espera y con esperanza de que todo termine a mi favor.
En el momento en el que estoy cerca de ambos, soy de inmediato engullida en sus brazos, me pierdo a causa de sus besos y caricias, con una parte de mi subconsciente odiándome por llegar a disfrutarlo tanto.
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" ¿Te he dicho alguna vez lo delicioso que hueles?". Me abraza con un poco más de fuerza Theo posando su nariz en mi cuello dejando una sensación de hormigueo a su paso, envolviendome con el calor de su cuerpo que hace un notorio contraste con el aire frío tocando mi piel llena de sudor.
Siento las manos de ambos hermanos acariciando lentamente cada parte desnuda que tienen al alcance de mi cuerpo, haciéndome consciente que en cualquier momento pueden empezar otra vez.
"Creo que me lo dicen todo el tiempo". Le susurro como respuesta invadida por el cansancio.
Lo siento sonreír sobre mi piel y dejar pequeños besos a su paso, como me encantaría decir que lo odio, que los odio, como me gustaría decir que no me siento cálida y protegida en sus brazos como jamás me he sentido en mi vida y mucho menos con el género masculino.