Prólogo

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Las palabras de Adam se repiten en mi cabeza como un eco interminable.

"Si no dejas a Derek, lo mataré. Y créeme, será demasiado fácil."

Lo peor de todo es que tiene razón. Derek no recuerda nada.
Está vulnerable.
Y no ayuda el hecho de que ni siquiera me recuerde a mí.
Su cerebro, cruel y selectivo, parece haber decidido por él. Recuerda todo... excepto a mí. Todo lo anterior a esa tarde en la cafetería donde nuestras vidas cambiaron para siempre.
Y eso, duele.

—¿Te sientes bien? —pregunta Dylan al entrar en la habitación privada del hospital.

Estoy sentada, observando a mi marido dormir. Su ceño está fruncido, como si incluso inconsciente sintiera el caos a su alrededor.

—Ya recordará —dice, posando su mano en mi hombro.

Derek es tan importante para mí...
Demasiado.
Y justamente por eso, no puedo quedarme.
No puedo permitir que su vida esté en constante peligro solo por mi presencia.
Eso no es amor.

El amor, el verdadero amor... es sacrificio.
Es poner su bienestar por encima del mío.
Y si para que Derek esté a salvo, tengo que alejarme, entonces que así sea.
Me dolerá, sí.
Pero el amor duele.

—No va a recordar —le digo, levantándome con decisión.

—Claro que lo hará —responde, con un deje de esperanza que me parte el alma.

—No quiero que lo haga —le miro a los ojos, asegurándome de que entienda bien—. No quiero que me recuerde.
Mi pecho se oprime al decirlo en voz alta, y continúo con la voz rota:
—Y tú no harás nada para que eso ocurra. Para él, yo nunca estuve aquí. Nunca nos conocimos. Nunca nos casamos. No existo.

—¿Por qué quieres hacer eso? —pregunta, confundido y herido.

Esto es lo más difícil que he hecho en mi vida.
Dejar a mi alma gemela, solo, postrado en una cama, sin memoria.
Dios me perdone...
Pero es lo único que puedo hacer para que él siga respirando.
Soy una cobarde, sí. Pero no encuentro otra salida.
Conociendo a Derek... si no me recuerda, no me dejará acercarme.
Y Adam aprovechará eso.

—Ven, vamos a hablar —le digo, tomando su mano y arrastrándolo fuera.

En el pasillo, me aseguro de que nadie escuche antes de contarle todo sobre mi encuentro con Adam. Dylan me escucha en silencio, su rostro cambia, entiende... aunque no lo comparte del todo.
Él es su mejor amigo, y proteger a Derek también es su deber.

—Quizás tengas razón... —admite al final—. Pero... ¿has pensado cómo reaccionará si algún día se entera?

Sí. Lo he pensado.
Y no hay forma en que el final de esta historia no duela.

Al día siguiente, hablé con los padres de Derek. No entendían por qué me iba, por qué dejaría todo atrás. Les dije que me marchaba del país, que me mudaría a Londres.
No hicieron preguntas.
Solo asintieron y acordamos un pacto silencioso:
Alex murió.
Solo Dylan y Stefany saben la verdad.
Mi hermana... aún no lo comprende. O quizás no quiere hacerlo.

Ahora me toca cerrar este capítulo.
Y sé, con la certeza más desgarradora, que nunca amaré a nadie como amé a Derek.
Él volverá a su vida, a sus mujeres, a sus fiestas.
Y yo...
Yo lo veré desde la distancia, sabiendo que el amor, a veces, no basta.

Porque el amor es...
una mierda.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora