Después de un rato, lo veo regresar. Sus pasos son rápidos, pesados, cargados de furia contenida. El ceño fruncido, la mandíbula apretada, los puños cerrados con tanta fuerza que los nudillos se le tornan blancos. Derek no suele mostrar tanto, al menos no así. Algo le ha dicho Dylan, algo grave, algo que lo ha hecho arder por dentro. Me remuevo en la camilla, mi primer impulso es bajarme y correr hacia él, detenerlo, preguntarle qué ha pasado. Pero ya he hecho eso demasiadas veces... ir detrás de él como si mi lugar fuera siempre detrás. Esta vez no. Esta vez dejaré que sea él quien venga a mí.
—¿Qué te dijo Dylan? —pregunto cuando ya no puedo más con el silencio, con la tensión que cuelga como una tormenta suspendida sobre nuestras cabezas.
No responde.
Solo camina hacia mí, como un lobo decidido a reclamar lo que es suyo. A grandes zancadas se planta frente a mí, y sin darme tiempo a pensar, se mete entre mis piernas, sujetándome con firmeza de las caderas. Su boca atrapa la mía en un beso desesperado, brutal, cargado de rabia, deseo y necesidad. Me besa como si su vida dependiera de ello, como si necesitara sentirme para poder respirar, como si con ese beso me gritara que yo soy, he sido, y seré siempre suya.
Y yo, tan débil ante él, tan esclava de lo que siento, no puedo evitar devolverle el beso con la misma intensidad. Aunque mi mente grite que no, que esto está mal, mi cuerpo tiene memoria. Mis manos suben por su cuello, se enredan en su nuca y lo pegan más a mí, porque si va a besarme así, no pienso contenerme.
Quiero a David. Me hace sentir segura, querida, tranquila. Pero lo que tengo con Derek... es fuego, es caos, es esa necesidad que me consume hasta el alma. David es hogar. Derek es tormenta.
Y yo... yo siempre he sido de las que corren hacia la lluvia.
Sus manos se deslizan por mis muslos con desesperación, como si necesitara memorizar cada centímetro de mi piel, como si tuviera miedo de que me desvaneciera si dejaba de tocarme. Su aliento choca contra mi rostro, entrecortado, salvaje, y cuando vuelve a besarme, lo hace con hambre. No hay espacio para palabras, solo gemidos ahogados entre nuestras bocas, sus dedos temblorosos bajo mi blusa, mi cuerpo temblando por él.
Me levanta de la camilla con una facilidad que me desconcierta, pegándome a su cuerpo como si necesitara fundirse conmigo. Mis piernas rodean su cintura de forma instintiva, mis caderas buscan las suyas como si estuvieran hechas para encajar. Caminamos a ciegas entre besos frenéticos y caricias urgentes hasta que mi espalda choca contra la pared, y ahí, entre sus manos, dejo de pensar. Solo siento.
Su boca baja por mi cuello, recorriendo el sendero de mi clavícula con una lentitud que contrasta con el temblor que agita su pecho. Mordisquea, besa, lame, como si todo él me pidiera permiso y a la vez me reclamara. Mis dedos tiran de su camisa, abrocha por abrocha, hasta dejar su torso desnudo ante mí, y cuando mis labios rozan su piel, su cuerpo reacciona como si se incendiara.
—Te odio por hacerme sentir esto —susurro sin aire, mientras él me acaricia la espalda por debajo de la ropa, sus manos grandes, cálidas, seguras.
—Entonces odiémonos juntos esta noche —responde con la voz rasgada, su mirada tan oscura como el deseo que late entre nosotros.
No hay ternura, no esta vez. Es necesidad, es posesión, es el reencuentro de dos almas rotas que solo saben repararse a través del otro. Mi ropa cae al suelo una prenda tras otra, y con cada beso, cada embestida de su boca contra la mía, siento que me desarmo. Que vuelvo a ser suya.
Y cuando al fin nuestros cuerpos se funden, lo hacen como si el mundo pudiera terminar mañana... y nada más importara.
Sus cuerpos se buscan como si hubiesen pasado años sin tocarse, como si el tiempo no hubiera hecho más que acumular deseo. Derek me sostiene con fuerza, sus labios se hunden en mi cuello mientras sus caderas se mueven con un ritmo lento, torturante, provocándome un suspiro tembloroso que se escapa de mis labios. No hay palabras, solo respiraciones entrecortadas, gemidos que se ahogan en la piel, el roce húmedo de nuestras bocas y el calor abrumador de nuestros cuerpos enlazados.
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El amor es....(ADDD)
RandomDespués del intento de asesinato que casi le cuesta la vida, Derek logró sobrevivir... pero no salió ileso. Algo mucho más valioso que la sangre se derramó ese día: sus recuerdos. Las memorias que guardaban su historia con Alex, el amor de su vida...
